La oración del corazón
Cuando comencé a estudiar en la universidad, la carrera de Geografía e Historia no podía imaginar que acabaría enamorada de las bibliotecas y trabajando en este ámbito desde hace ya más de treinta años. Siempre me atrajo el mundo del libro y todo lo que le rodeaba, desde su producción, edición, distribución y venta (ni qué decir del olor que desprenden sus hojas al abrirlo, sobre todo cuando es nuevo). Me encantaba ir con mi madre a la biblioteca pública del barrio que se encontraba en el primer piso de un bloque de edificios cerca de nuestra casa; después ya siendo adulta, disfrutaba mirando los libros de las estanterías de las bibliotecas, y me pasaba horas hasta que me decidía por alguno. Parecía que este mundo me estaba esperando y hoy aquí sigo.
Actualmente leo más libros y artículos relacionados con temas de religión y espiritualidad que de ficción, y es que, para mí, ahora, la lectura de textos relacionados con este tema tranquiliza, calma y nutre el alma.
Hoy, que comienzo en La Llama a compartir reflexiones y experiencias en torno al mundo de la lectura y de los libros, traigo una obra que me ha dejado huella por su sencillez y, al mismo tiempo, grandeza de contenido. Se trata del pequeño libro La oración del corazón de André Poisson, publicado por Rialp, dentro de la colección Patmos Espiritualidad, en 2025 y prologado por Monseñor Erik Varden. El nombre del prologuista se ha oído últimamente en los medios de comunicación porque ha sido el monje encargado de impartir los ejercicios espirituales de la pasada Cuaresma al Papa León XIV y a la Curia romana.
Este libro, de 82 páginas, pertenece a esa pequeña estirpe de obras que despojan al lector de urgencias y lo invitan a la hondura. M. Erik Varden, monje cisterciense y obispo católico noruego, nos invita a leer las páginas de esta obra que cayó en sus manos en una librería parisina hace un cuarto de siglo. En él descubrió que la fragilidad del volumen contrastaba con la sustancia del contenido.
La obra está estructurada en dos breves tratados en los que el protagonista es la persona que lee el libro. El autor lo escribió tras una larga experiencia en la iglesia oriental. La oración del corazón es un camino que seguir, no un tratado para orar; y quizás eso es lo que hace que este texto sea más profundo y cercano. Nos va marcando la manera de ponernos en una actitud de escucha. Porque, ¿qué es orar? ¿Es pedir? ¿Es suplicar?
No, realmente orar es hablar con nuestro Padre, igual que Jesús hablaba con su Abba. Cuando rezamos tendemos a ser un poco egoístas, no hablamos con nuestro Padre, con nuestro amigo; solo queremos conseguir, la mayoría de las veces, lo que necesitamos con urgencia en ese momento. Sin embargo, André Poisson nos invita a acoger al Padre y a participar en esta vida que Él nos ha dado por su gracia, nos incita a permitirle entrar en nuestro corazón. Pero hay un inconveniente y es que pensamos con la cabeza y no con el corazón para mantenernos alejados de Dios.
Es difícil renunciar a nuestras seguridades, a lo que ahora se llama «zona de confort». Pero esta obra nos invita a ser vulnerables para que, con la ayuda del Espíritu Santo, podamos desenredar ese nudo de emociones que cargamos.
«Aprender a estar atentos a los movimientos de nuestro corazón», nos dice el autor. Pero eso ¿cómo se hace? Parece complicado, pero leyendo este texto, el lector se da cuenta que solo debemos conocer la realidad de lo que somos y dejar que el Señor se haga cargo de ella porque nuestras debilidades forman parte de nosotros mismos y son una vía extraordinaria para entrar en contacto con Dios. Jesús acepta la indigencia total y María nos orienta en la misma dirección. Nosotros, en cambio somos como los judíos a los que Dios reprocha en el Evangelio de Juan que no quieren creer porque no entran en contacto con Él y siguen aferrados a sus normas.
Para conseguir ese contacto íntimo es fundamental el silencio, tan escaso en nuestra sociedad actual. Poisson, desde el silencio nos invita a una «oración teologal» que se apoya en la fe, la esperanza y la caridad. Realmente todo es infinitamente simple: debemos tener fe en su amor y querer ser transformados. Algo que imposible en este mundo de ruido, redes sociales y multitud de estímulos en el que no encontramos tiempo para nada, ni para nadie.
La «oración teologal» nos pone en contacto con Alguien, no con algo. Es un encuentro verdadero entre nosotros, el Padre, o su Hijo o el Espíritu Santo, pero hay que ejercitarla y trabajarla. Si lo consiguiéramos nos daríamos cuenta, como nos dice el autor del libro, que todo amor verdadero nos lleva a Dios porque al hablar con Él te sientes hijo de verdad, cuidado y protegido.
El libro finaliza con la “oración del publicano: Señor Ten Piedad de mí que soy pecador”, distinguiéndola de la del fariseo que se complace hablando de sí mismo. La primera agrada a Dios ya que solo Él puede compadecerse y ser misericordioso con nosotros si entramos en intimidad con Él mediante la oración del corazón.
Espero que, si este texto cae en sus manos, lo lean y disfruten como yo.
Clara M. Tascón
