La oración del pobre sube hasta Dios
El 17 de noviembre en la Iglesia celebrábamos la VIII Jornada Mundial de los Pobres, donde el Papa Francisco nos proponía el siguiente lema: “La oración del pobre sube hasta Dios”.
Estas jornadas y este concepto de pobreza, me siguen haciendo reflexionar.
¿Qué es ser pobre en el año 2024? Según la RAE se considera pobre aquel que no tiene lo necesario para vivir. Es sorprendente que en pleno siglo XX sigan existiendo aproximadamente 1.300 millones de personas que viven con menos de 1 dólar al día. Dudo que haya en algún país que se pueda vivir así, pero esto no parece ser el foco de atención, ni el objetivo principal a erradicar (aunque sobre el papel quede muy bonito). Pero sin duda, es un problema mundial, y los pobres son personas, habitantes, hermanos, que solo sobreviven.
¿Qué conlleva ser pobre? Además de solo sobrevivir, la situación de pobreza trae una serie de problemas como los problemas de salud física, problemas familiares, sociales, y la protagonista tras la pandemia del COVID, la salud mental. Hasta entonces, el pobre solo era aquel que no tenía la economía suficiente para vivir (y así también es) pero también puede haber una serie de problemas personales, malestar, incertidumbre, desesperanza,…y todos ellos se quieren solucionar. Esta situación de vulnerabilidad (como ahora consideramos la pobreza), es factor de riesgo para otra serie de problemas como la depresión, la ansiedad, adicciones. El pobre, no es un ente o una etiqueta, es una persona que sufre y que necesita ayuda.
¿Cómo vive el pobre? Pues habría que preguntarles. Me sorprende que en ocasiones, cuando hablamos de pobres, incluso como Iglesia, seguimos hablando desde una posición paternalista, actuando en ocasiones con muy buena voluntad, pero dando por hecho lo que necesita el otro. Rara vez el pobre está en una posición de igualdad o en el centro de la Jornada. El Papa Francisco, una vez más, recuerda que los que sufren son los favoritos de Dios y por tanto tienen un lugar preferente. En estas Jornadas, el Papa volvió a reunirse para comer con un grupo de personas necesitadas. “Los pobres no tienen necesidad de nuestras actitudes paternalistas, ni de nuestra compasión. Solo necesitan nuestro amor y nuestra ternura.” Decía la Madre Teresa.
¿Cómo miramos al pobre? Cabría preguntar, ¿los miramos? ya sería un buen paso. Uno de los grandes problemas que se extiende por nuestra sociedad es la indiferencia. El individualismo, el egoísmo crea personas que se vuelven insensibles a la realidad, y no ve a aquel que puede necesitar de su ayuda. Hace un tiempo caminando por una de las calles más concurridas de Madrid, leí el cartel de un chico que vivía en la calle que ponía “solo necesito una sonrisa”, esa frase me impactó. De nuevo, la importancia no solo en lo económico, sino de lo humano y la soledad como problema de muchas personas que viven en situación de exclusión. “La soledad y el no sentirse querido es la pobreza más terrible”. Madre Teresa de Calcuta.
¿Por qué los favoritos de Dios son los pobres? Es curioso como, a pesar de las numerosas dificultades que se pueden vivir, el malestar que puede haber, Dios tiene predilección por los que sufren. Dios se encuentra junto al que más lo necesita, y sin embargo a veces no lo queremos encontrar ahí. Existen numerosas personas en situación de pobreza que son grades expertos en espiritualidad, que dan lecciones de agradecimiento y fe. Y su confianza en Dios es digna de admirar. El lema de este año de la Jornada, “La oración del pobre sube hasta Dios” creo que no puede estar mejor elegida.
¿Y ante toda esta Jornada Mundial de los Pobres, ahora qué? Me quedo con las palabras de Francisco:
“La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria”.
Orar juntos para abrir ventanas a Dios, escuchar lo que nos inspira a través de los hermanos, dar gracias y pedir, fortalece la fraternidad y dan sentido a la misión.”
Que así sea.
Belén Rodríguez Román
