Cultura

Yo, tú, … Él,.. ¿nosotros?

Esta reflexión quizá sea una serie de pensamientos a vuelapluma, pero no por ello creo que el tema sea poco importante, más bien todo lo contrario. Son intensos y en cierta medida inabarcables.

                Hace poco leí La Espiritualidad de la Liberación (Ed Sal Terrae, 2011) de Gustavo Gutiérrez, lectura, a mí parecer, muy recomendable siempre que se esté dispuesto a que el texto te interpele. Es decir, a poner delante del texto el “yo”. Leía un texto que me tocaba, a mí, así que “yo” me sentí en un papel protagonista, porque esto me hablaba, o más bien me gritaba, a mí. Me puse “a tiro” y lo que recibí fueron bofetones de realidad y una lista muy larga de cuestiones y planteamientos.

                Esto de la Liberación de Gutiérrez quizá nos quede ya lejano, algunos no habíamos ni siquiera nacido, no lo hemos conocido de primera mano sino su enorme estela. Surge en un momento muy específico, en contexto latinoamericano de opresión, y…. no es mi intención hacer una síntesis del libro, sino tomar la problemática – más bien el drama – de la pobreza como punto de partida.

                Gutiérrez nos presenta a una serie de “tú” anónimos, pobres, utilizados, explotados, y que, a pesar de la adversidad, son capaces de ser testimonio vivo y agotar hasta su último recurso en luchar, buscar, e intentar aquello que las estructuras sociales (constructos de una serie de “yo”) les impiden alcanzar. Y no solo eso, sino que fueron capaces de encontrar una forma de relacionarse con Dios, siguiendo a Jesús pobre, quien tuvo siempre a los “últimos” en los primeros puestos, y aferrarse a ello como rayo de esperanza.

                Según leía, sentía que el texto verdaderamente me hablaba a mí. Había puesto mi “yo” a tiro, y a mi mente empezaban a venir una serie de “tu” que no eran los de Gutiérrez, pero en esencia se le parecen demasiado. ¿Qué diferencia hay entre los pobres que Gutiérrez presenta, con los de hoy? No pienso solo en Latinoamérica, también los del África de recursos naturales de hoy, los del Asia manufacturero de hoy, incluso de zonas de España de hoy, a donde la pobreza material y deshumanizadora también ha llegado, aunque nos neguemos a verla. ¿En qué se diferencian las víctimas – pobres por supuesto – de la violencia, de las guerras, de las catástrofes naturales a los pobres de Gutiérrez? Todos estos “tú”, que tienen nombre, apellido, familia, historia…. Siguen siendo hoy los nadie, los pobres, los invisibles, los últimos que son quienes sustentan a los “primeros”. El pobre por el que lucha Gutiérrez trascendió a su tiempo y contexto para representar a los pobres del mundo, de aquí y de allá, de ayer, de hoy… y al paso que vamos, lamentablemente al pobre de mañana.

                En algún punto del texto leí esta frase que también me quedó resonando fuertemente: las formulaciones teológicas clásicas no responden a la realidad de los pobres y oprimidos. Uff… si dejas que te interpele, asusta. ¿Cómo hablar de un Dios personal en un mundo que no considera a los pobres como persona? ¿Cómo hablar de misericordia a quien sólo ha conocido el sufrimiento y la opresión en su vida? Quienes siempre hemos vivido en una posición privilegiada (y no pienso en lujos, sino en vivir con lo necesario y sobre todo con dignidad) difícilmente (en nuestra mayoría) podremos ser testimonio vivo de este mensaje.

                Ante todos estos “tú”, ¿qué testimonio damos? Aquí, allá, en misiones, en casa, en el barrio…. ¿Cuál es la opción preferencial de “yo”? ¿El pobre tiene cabida? ¿Qué “papel” tiene? ¿Se que existe… de verdad o solo de palabra? ¿Cuál es mi testimonio de vida? Muchas veces el testimonio de Vida, con mayúscula, le hace falta verlo a “yo”, que tiene demasiado que aprender de “tu”, quien es quien nos da Testimonios de Verdad.

Si Dios nos amó gratuitamente, y el único mandamiento que nos dejó versa sobre el amor… será que estamos invitados a hacer una “transformación radical” y proteger los derechos y sobre todo la dignidad de toda persona. Habrá que empezar por que todos seamos persona, es decir, erradicando la pobreza que deshumaniza. Un tema nada nuevo, pero que si lo imagino como un ovillo de lana, cada vez está liado de peor manera.

Tenemos muy pendiente la tarea del reconocimiento del otro. Mientras no lo reconozcamos como hermano, como un “tú”, que junto con un “yo” que gracias a “Él”, forma un “nosotros”. Mientras no tengamos esto claro no habrá “nosotros”, y, por consiguiente, habremos comprobado que tampoco hay “yo”.

Está claro que respuestas no tengo, recetas mucho menos. Sólo preguntas, planteamientos y desazón. Este será uno de esos temas en los que hace falta perderse (en los pensamientos) para poder, quizá, encontrarse.

Mónica Marco, CSD