Recomendaciones de Verano. Un libro.
Escritura ágil y reflexiva la de esta Hija del camino que es Sandra-Lucía. Crecer y aprender, construir una identidad frente al racismo expreso o encubierto. Auténtico bildungsroman o novela de aprendizaje (aquel género que entre finales del XIX y principios del XX tan apasionadamente cubría la literatura alemana, Herman Hesse, por ejemplo). De Alcorcón a Malabo, entre España y Guinea Ecuatorial relata la autora sus peripecias para encontrar un lugar en el mundo, o la tranquilidad imposible en la propia piel, mestiza y con nombre de mujer. Lucía Asué Mbomío Rubio (Madrid, 1981), hija de madre española y de padre guineano, periodista y escritora. Trabaja en televisión, ha dirigido documentales y colabora en prensa y radio.
Esta novela, en buena parte autobiográfica, nos pone delante de tantos prejuicios, algunos conscientes y otros inconscientes, de los que emergen acciones violentas, despectivas, prevalentes, que al tiempo generan temor y repliegue frente al otro, sobre todo si es negro, más aun, si es negra. Incluso ciertos sentimientos compasivos e impulsos cordiales de buena voluntad, que al que tienes enfrente, en la discoteca, en el supermercado, en el metro le hacen sentir que él o ella no es de aquí, y tampoco de allí, hasta estos sentimientos de aparente condescendencia son puestos en tela de juicio.
En 2013 Lucía fue nombrada una de las treinta afroeuropeas más relevantes del continente según la lista Thomson Reuters. En 2017 fue escogida por el blog «África no es un país» del diario El País como una de las mujeres africanas más destacadas del año y en 2020 le concedieron el Premio Comunicación de la Asociación Pro Derechos Humanos de España. En la actualidad, combina el periodismo con la docencia, la divulgación y la consultoría en representación, diversidad e inclusión. Su activismo la ha llevado a impartir conferencias y talleres en varias organizaciones y universidades del mundo. Por mi parte la he conocido precisamente en Salamanca en las actividades que organiza el Máster de Traducción y Mediación Intercultural, concretamente en el proyecto Trazando cuerpos, un proyecto que tiene por objeto visibilizar y proporcionar un espacio de discusión sobre la violencia corporal hacia los cuerpos invisibilizados por razones de género, raza, sexualidad, identidad de género, discapacidad o edad, en especial el cuerpo de las mujeres.
Me llamó enormemente la atención la manera en que Lucía presentaba el tema del racismo: experiencia propia e investigación sociológica, ironía y perspicacia, análisis crítico y sentido del humor, todo ello me hacía sentir un poco incómoda en el asiento, en mi lugar de referencia, el espacio universitario privilegiado de la sabia y culta ciudad provinciana, también me generaba preguntas sobre motivaciones y expectativas en la aventura de la misión en Guinea, en la que me he embarcado los últimos años.
Esta primera novela de Lucía, Hija del camino (Grijalbo narrativa 2019) fue aclamada por la crítica y los lectores abriendo nuevas perspectivas en la narrativa actual de nuestro país. Anteriormente había escrito Las que se atrevieron (Sial Pigmalión, 2017), conjunto de relatos en los que entrevista a seis mujeres españolas blancas que se casaron, convivieron y tuvieron descendencia con hombres negros durante los estertores del tardofranquismo, rescatando del silencio, con humor y con amor otras voces femeninas. Después ha publicado Tierra de la Luz (2024 ediciones B), una novela llena de simbolismo, crítica y de gran belleza narrativa, siempre en camino, donde su protagonista Ngolo, hija de un sastre y una pintora aficionada, llegó a España soñando con convertirse en una gran diseñadora de moda y traer a Europa los cortes y colores de su Guinea natal, sin embargo…
Hija del camino es Sandra, su madre Aurora, también Ngolo, y todas las que se atrevieron y se atreven, hijas del camino hoy, en una sociedad diversa, multirracial, cambiante, en un mundo con grandes desequilibrios e injusticias, un mundo lleno de bolsas de pobreza ocultas, y de identidades negadas… Un mundo, sin embargo, en el que todavía es posible soñar, desear y construir horizontes, porque quizá mientras vivimos es más importante el camino que el punto de llegada, trascendencia que pareciera imposible, donde las heridas son rutas. Una lectura, la de Hija del camino que, sin duda, nos invitará a caminar de otro modo, una propuesta para un verano que se anuncia difícil y lleno de conflictos.
Sagrario Rollán
