La educación ¿derecho o privilegio?
Hace unos días me pasó lo que le pasa a todo “buen estudiante” cuando “todavía hay tiempo”… vi el calendario, fui consciente de que queda nada y menos de clases y que nos metemos ya en periodo de exámenes. Luego vi la lista de cosas que tengo que entregar antes del día de cada examen, y me entró la risa. Así que sí, efectivamente, me pilló el toro. Muchas cosas en mente, varios trabajos a medio redactar, libros con páginas señaladas a la espera de ser leídas…. Bueno… ejem…. Que, aunque queda tiempo, lo que no me queda es tiempo que perder. Así que me hice una lista con fechas objetivo para tener cada trabajo redactado, un planning de temas para estudiar y las fechas, y en casa mis hermanas me oyeron un “me voy a dedicar principalmente a ser estudiante”. Y con todo eso, y teniendo vía libre, me puse manos a la obra y mis pobres neuronillas a trabajar a tope… ¡y lo que queda!
En algún momento un tanto irónico llegué a pensar que esto podría ser parte de una lista de “penas”, pero inmediatamente reconocí que esto de pena no tiene nada (lo que tiene es mala planificación) y lo que realmente es, es un privilegio enorme. Y de aquí siguió una larga reflexión sobre lo que significa tener la oportunidad de estudiar, y de casos como el mío, de seguir estudiando.
Me fue inevitable detenerme a pensar en los abismales contrastes, en cuanto a educación se refiere, que vemos en un lugar y en otro. Este hilo lo comencé pensando en mis exámenes de la universidad, para los que tengo el lujo de poder tener el tiempo y los medios para prepararlos, y tomar conciencia de que es una oportunidad, o más bien un privilegio, que tengo por tercera vez. Pero luego seguí pensando sobre todo en el acceso a la educación básica. No pude evitar cuestionarme el por qué “vendemos” la educación como un derecho cuando en la práctica sigue siendo un privilegio.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el artículo 26, dice textualmente “toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos lo concerniente a la educación elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria”. En España también es un derecho que reconoce la Constitución en el artículo 27: “Todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza…”.
Con sus más y sus menos, en España, y en otros países del “primer mundo”, del “norte”, o como queramos llamarlos de forma políticamente correcta, se garantiza. Y experiencias recientes como la de Camerún, me recuerdan que existen otros muchos países del políticamente incorrecto “tercer mundo”, “en vías de desarrollo”, “del sur”…. en donde el acceso a la educación es un enorme privilegio que desafortunadamente no está al alcance de todos. Que un niño pueda ir a la escuela requiere un esfuerzo económico titánico por parte de las familias, porque en muchos lugares como Camerún la educación pública no es gratuita: o pagas la matrícula, o no puedes venir a clase. Implica también que los niños, en muchos casos, estudien y trabajen (o colaboren fuertemente) en tareas como traer agua a casa, ayudar en el campo o vender en el mercado, para poder tener los medios para pagar la escuela, el uniforme, los libros, etc. En niveles superiores el esfuerzo que requiere es doble, por lo menos en recursos.
Realidades como esta lo único que favorecen es que la brecha… o el abismo en oportunidades siga aumentando. Quienes tenemos el privilegio de estudiar, y de hacerlo más allá de los ciclos básicos, en determinados aspectos tenemos – y seguiremos teniendo – un mayor abanico de posibles oportunidades. Para quienes la educación no llega a ser ni un derecho fundamental, o tienen un acceso precario o limitado el futuro pinta, tristemente, de un color distinto.
Así que, en este hilo de reflexión solo puedo estar agradecida por tener el privilegio de estudiar y de que mi mayor “problema” sea organizativo. Y me cuestiono qué puedo (o podemos) seguir haciendo para que, desde esta posición privilegiada, podamos visibilizar y ayudar a quienes aún hoy siguen sin la posibilidad de experimentar la educación como un derecho fundamental.
Mónica Marco
