Opinión

Más que hacer la compra

Una de las cosas que me encanta desde siempre es ir al mercado. Me encantan los “mercados-mercados”, creo que muestran de manera genuina como es la vida de un lugar, hablan de sus gentes, costumbres, tradiciones, cosas típicas….. siento que es como abrir una ventana a la vida cotidiana del lugar.

En Camerún no iba a ser distinto, una de las primeras cosas que busqué hacer fue ir al mercado. Con lo que no contaba es con que de entrada me dijeran que no. Claro, dicho así sin más, no entendía yo nada, y tampoco estaba dispuesta a quedarme solo con esa respuesta. Así que fui tirando del hilo, hasta que llegué a un “vas a hacer que la compra nos salga más cara”. En un principio seguía yo sin entender de todo, hasta que fui un día al mercado.

El mercado de Mvog-Betsi me parece un lugar apasionante en donde, efectivamente, o sabes comprar, o te pierdes, o te timan – por decirlo de alguna manera. Ahí no hay precios publicados, ni básculas para pesar los kilos de fruta o verdura, ahí va por “montoncitos”, por cubos o por sacos. Tu conoces más o menos el precio y a partir de ahí, a negociar… o a regatear, según proceda.

Ese primer día, lista en mano, nos fuimos a buscar lo que necesitábamos. Primer puesto… caro, así que nada, al siguiente. Segundo… caro… mucho más de lo que se suponía habitual… Tercero… caro…. y así unos cuantos. A esto era a lo que se referían: en un mercado de barrio compra la gente del barrio…. y “hay que aprovechar cuando viene un blanco, porque los blancos tienen mucho dinero”. Esta es la concepción general, aunque no tiene por qué ser cierta. Lo que si fue cierto es que comprobé que yendo yo también, los precios que nos daban eran siempre mucho más caros. Así que, plan b…. yo me fui por un lado, mis hermanas por otro, y nos encontramos después con las cosas compradas. Lección 1 aprendida.

¿Y ahora qué? Pues decidí repetir el experimento bastantes veces…. ¡Tenía que lograrlo eventualmente! Cada vez intenté prestar atención a los precios, a como negociaba la gente, a como le entregaban las cosas…. Empecé a comprar pocas cosas, intentando pasar frecuentemente por los mismos puestos, saludar a la gente…. Encontré gente encantadora que me ayudaba a negociar, hasta alguna “abogada” espontánea me salió para que me vendieran buena verdura a un buen precio. Total, quedarse con mi cara era muy fácil, no es que hubiera muchos blancos… o bueno… realmente no se si había algún otro. Y yo le iba cogiendo el truco y en algunos puestos me iban conociendo.

Quizá a muchos esto les parecerá una simpleza, o algo sin demasiada importancia, o un plan poco apetecible, pero para mí fue todo un logro y estoy súper feliz por ello. Lograr ir al mercado y comprar todo lo necesario, de buena calidad, al precio razonable… volver a casa en moto con la compra… eso no sólo significaba hacer la compra, sino que significa una integración mucho más profunda en la vida cotidiana, en el barrio, en las costumbres, en las formas.

De alguna manera significa lograr ser una más a pesar del color de la piel, y ésto tiene mucho más valor del que quizá pueda expresar en unas pocas líneas. Significa romper barreras de clasismo, de los prejuicios, significa tener una relación que tiende a lo horizontal y no a lo vertical. Significa entender y compartir la vida tal cual es, en los básicos, y para mí ahí está la riqueza, las experiencias, el compartir…. y es así que descubrí que ir al mercado es mucho más que hacer la compra, es aventurarse a entender y compartir la vida, y ¡me encanta!

Mónica Marco