Semillas de esperanza
El Papa ha encargado al que fue Maestro de la Orden desde 1992 hasta 2001, fray Timothy Radcliffe, la organización de un retiro del 1 al 3 de octubre para los obispos de todo el mundo que lleguen al Vaticano para participar del denominado “Sínodo sobre la Sinodalidad”. Nadie mejor que Timothy para regar las semillas de esperanza plantadas por Francisco.
En el librito “Palabras para hoy”, recopilación de parte del pensamiento de fray Timothy a través de trece palabras significativas en la actualidad, se plantea si cabe esperar verdaderamente un futuro mejor y cuál es o debería de ser el papel del cristianismo y de la Iglesia católica. No cabe duda de que hay semillas de esperanza que brotan del mundo y que invitan a una reflexión dentro de la Iglesia para ver cómo podemos contribuir para que nuestro mundo camine en dirección a un mayor respeto a los derechos humanos de diversos colectivos: mujeres, emigrantes, refugiados, personas LGTBI, etc. Elijo algunas de las trece palabras y permito hacer algunos subrayados, personales claro, de lo dicho por Timothy.
Si hablamos del AMOR, para Timothy el ‘ágape’ sin una pizca de ‘éros’ no es auténticamente humano. No es humano un amor puro y totalmente desinteresado. Pero debe amar hasta tal punto que la persona amada se sienta libre de amar a los otros incluso más de lo que me ama a mí.
Somos CUERPO. Hay una escena elocuente en la película Billy Eliot, que nos cuenta la historia de un chico que quiere ser bailarín. Cuando se pregunta al protagonista qué siente cuando baila, este responde: «Como electricidad». La gracia electrifica nuestros cuerpos. Todos los sacramentos están dedicados a santificar los momentos clave de nuestra vida corporal.
En cuanto a la ESPERANZA, fray Timothy nos incita a la creatividad, gestos creativos que sean signos de que aquello que anhelamos está ya de alguna manera presente entre nosotros. Como ejemplo, señala que, en la eucaristía, a diferencia de lo que hacían en la Edad Media, los obispos ya no bailan con el clero en sus catedrales el domingo de Pascua. El mismo inicio de la predicación de Jesús acontece en un contexto festivo, cuando convierte el agua en vino. La alegría de Jesús cimentaba su autoridad, incluso cuando escandalizaba a la gente por comer con pecadores.
Hablando de la homosexualidad, bajo el epígrafe ‘GAY’, Timothy señala que tolerancia significa, literalmente, entrar en contacto con quienes son diferentes de mí. La tolerancia implica una atención a la particularidad del otro, un «saborear» lo que el otro representa en su diferencia –de fe, de etnia, de orientación sexual–. Entiende que cuando una sociedad percibe la diferencia como una amenaza y pretende que todos seamos iguales, está disfrazando la intolerancia.
Y añade fray Timothy que “El hecho de haber trabajado con obispos y sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, en todo el mundo, me permite no tener la menor duda de que Dios llama también a los homosexuales al sacerdocio; de hecho, estos se encuentran entre los sacerdotes más dedicados y excepcionales que he conocido”.
Urge en la IGLESIA hacer revivir la antigua tradición de los sínodos, en los que se reunía todo el pueblo de Dios y se escuchaban los unos a los otros, y así es como, juntos, intentaban discernir la voluntad de Dios. Necesitamos recuperar la forma de gobierno característica de los primeros siglos del cristianismo: una forma típicamente sinodal.
Si hablamos de POBRES, es incuestionable que incluso en nuestras sociedades avanzadas el pobre sufre violencia. Hay en nuestras ciudades agujeros negros de marginación. La humanidad sufre no solo por la pobreza de un tercio de la población del planeta, sino también por la desigualdad abismal en el seno de la humanidad. Timothy nos exhorta a dejar de hablar de los pobres con un lenguaje denigrante e inadecuado. La aporofobia va ganando terreno acompañada de una globalización de la indiferencia. La Iglesia tiene la extraordinaria misión de abrir los ojos de todos a la dignidad de los pobres, que son nuestra carne y nuestra sangre, y abrir nuestros oídos para escuchar lo que dicen y cómo viven.
Ojalá que los obispos escuchen a fray Timothy Radcliffe.
Ricardo Aguadé, OP
