En los pueblos ¡también resucitó! ¡Aleluya!
Un año más se aproximaba la Semana Santa, y como muchas veces la pregunta “del millón”, ¿y tú qué vas a hacer en Semana Santa? ¿no sales a ninguna parte? Mucha gente lo pregunta en sentido vacacional, de días de viaje, de desconexión … No puedo negar que tiene buena pinta, está claro, pero me gusta mucho cuando la pregunta va orientada a una semana santa misionera. Será que me resulta, desde hace muchos años, un planazo para estas fechas.
Puestos a vivir las celebraciones de Semana Santa, adentrarse en su sentido, su significado…. ¿por qué no hacer de esta vivencia también un servicio? La experiencia de ir a pueblos a celebrar en estos días me encanta, a la vez que también me interroga, y me hace vivir mucho más profundamente el misterio que celebramos. Hay infinidad de pequeños pueblos, esos de la España vaciada, con pocos vecinos, la mayoría mayores, que no siempre pueden tener celebraciones en el pueblo, y muchas veces ellos tampoco pueden desplazarse a otros.
Estos días pude acompañar a los vecinos de tres pueblos: Valdepeñas de la Sierra, Alpedrete de la Sierra y Tortuero, los tres en la sierra de Guadalajara. Carretera arriba, carretera abajo, preparativos, llamadas, un pueblo, el siguiente, el otro… celebraciones, conversaciones, sencillez, profundidad, alegría, invitaciones a comer… y una dosis de humor refiriéndonos a nosotros mismos como el “trío del triplete del triduo”, porque este “equipo pascua” a veces podía sonar a chiste: ¿qué hacen un fraile josefino y dos dominicas…..?
Siendo serios, creo que con estas palabras podría resumir bastante bien la intensidad y la profundidad de estos días. Fue una misión bonita: acompañar a los vecinos de los tres pueblos, en todas – o casi – las celebraciones del triduo Pascual. Acompañar y vivir el mayor misterio de nuestra fe con gente sencilla, en celebraciones profundas, cercanas y muy compartidas, me atrevería a decir que es la mejor receta o los mejores preparativos para llegar a un efusivo ¡aleluya, resucitó! durante la Vigilia Pascual.
Una pascua de este tipo, con toda su profundidad, es un servicio y a la vez un regalo. De alguna manera nos hace recordar el sacerdocio común de todo bautizado, y la llamada a estar al servicio de nuestra Iglesia. Cada vez son más las experiencias positivas que compartimos sobre este tipo de pascuas, y creo que tenemos todavía mucho por hacer y muchos jóvenes (de edad y de espíritu) a quienes animar a vivirlas. En nuestro contexto dominicano hemos tenido las de Albarracín, ahora las de Caleruega, que sin duda nos han marcado, y hemos experimentado la riqueza de compartir en los pueblos. Otros muchos ejemplos hay también de misión compartida durante la Pascua.
Ojalá que este estilo de celebraciones sencillas, profundas y muy compartidas nos sigan ayudando a rescatar el sentido de estos días santos y la esencia de la alegría de la resurrección. Ahora tenemos todo un año por delante para ir, contar y vivir la buena noticia, y volver con fuerza renovada el año que viene.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Mónica Marco, CSD
