Opinión

La sociedad del Metaverso

Es muy rápido cómo evoluciona la sociedad en cuestión tecnológica. Hace tan solo unos años no existía internet y los ordenadores requerían de gran espacio en casa y mucha paciencia para poder ser usados. Hoy en día todo se maneja a través de un simple teléfono móvil y empieza a sonar un nuevo concepto llamado Metaverso.

Uno de los temas que Hollywood ha plasmado en numerosas películas (Inteligencia Artificial, Autómata, el Hombre Bicentenario, Wall E, Yo Robot…) ha sido el tema del futuro con máquinas y robots. Algo que se repite en ellas es el reto de conseguir que estas máquinas tuvieran emociones, pensamientos propios y que se enamoraran como los humanos. En la mayoría se hace la crítica de que las máquinas y robots eran más “humanos” que las propias personas. Y nada más lejos de la realidad parece que hemos llegado a ese futuro donde la humanización es urgente.

En la sociedad actual las tecnologías y las redes sociales han facilitado la conexión con diferentes puntos del mundo, tener disponible toda la información con tan solo un click y tener con máxima rapidez todo lo que se desea. Ha creado mundos paralelos a través de las conexiones virtuales en los videojuegos y las redes sociales. Y más reciente aún el mundo del Metaverso, donde de forma virtual podemos interactuar y crear una realidad externa.

Sin embargo, en esta sociedad de la inmediatez, de los mundos paralelos, de continuos estímulos y de la tendencia a la individualidad parece que se olvida que existe un mundo real que es social y emocional. La especie humana para desarrollarse necesita relacionarse con otros, compartir, sentir y dar afecto, solo así puede crecer. Esta unión con los demás nos permite sentir y vivir emociones que nos ayudan a comprender el mundo que tenemos delante y poder enfrentarnos a él. Nos muestra que hay un otro que también siente, y que compartiendo, entendemos que hay muchas maneras de pensar. Así desarrollamos nuestra creatividad y creamos también nuestra propia opinión. Pero, ¿qué ocurre si no nos relacionamos, si nuestra relación es con un aparato que muchas veces nos conoce más que nosotros mismos y que la información ya está dada? Una generación individualista, frustrada, que cada vez necesita más para estar satisfecha y con ideas rígidas.

Como personas también tenemos la capacidad de reacción y cambio. En este punto en el que nos encontramos a demás de seguir evolucionando tecnológicamente, necesitamos crecer como personas y como sociedad. Como ayer se nos decía en el Evangelio “es necesario orar siempre sin desfallecer” y que al contrario del juez que “ni temía a Dios ni le importaban los hombres” nos abramos al otro, trabajemos en comunidad y seamos sensibles a las injusticias del mundo para ser cada día más humanos.

Belén Rodríguez