La pastoral penitenciaria
Tal vez nunca hayáis entrado en una cárcel, y la idea que tengáis sea muy distinta a la realidad, por los grandes prejuicios y estigmas que hay sobre las personas privadas de libertad. Allá por el 2013 uno de los internos me dijo, «Jesús no vino a buscar a los justos sino a los pecadores» y me hizo reflexionar y orar mucho «no necesitan médico los sanos sino los enfermos». La gente me sigue preguntando que por qué voy a la cárcel, pienso que los internos, son los más vulnerables, están entre los favoritos de Dios.
Mi experiencia en la pastoral penitenciaria de El Seibo, es que hay personas que se han equivocado, sí como tú y cómo yo, muchos con un gran corazón y con muchas ganas de cambiar de vida, con mucha profundidad y una gran sed de Dios, por lo menos los que vienen a la catequesis. Viven en condiciones inhumanas, porque según el dinero que tengan, tienen habitación o duermen en el suelo, (hay más del triple de las personas para las que fue construida la cárcel), comen la comida que les dan o tienen oportunidad de comprar algo mejor, y os podéis imaginar el calor que hace… Muchos vienen con sed, así que la coordinadora siempre tiene agua fría para darles «tuve sed, y me distéis de beber».
Jesús nos dice en Mateo 25, «estuve en la cárcel y me vinisteis a ver», ayer cuando llegué, saltó uno de los internos, «¿Belén cómo usted está?» Me sorprendió que se supiera mi nombre, y le miraba y me dijo no se acuerda de mí, y su cara me era familiar, pero no pensaba que llevara tantos años en la cárcel; luego me pregunto por Maite, mi compañera de misión muchos años, que hace bastante que no viene a la cárcel, y me dijo, «siempre me gustaron sus catequesis; las daban allí enfrente, ¿hace 6 o 7 años?» Nunca sabes el efecto que puede tener en un interno, una palabra, una sonrisa, un saludo, una oración, porque tienen mucho tiempo para pensar y bastante poco qué hacer.
Siempre espero los viernes con ilusión, y creo que ellos también, ver otras caras, respirar otro aire decían el otro día… porque cruzan un patio interno para llegar a la sala. El otro día llegó uno y le dijo un compañero, «y ¿tú para qué vienes si ya estás libre?» «Para aprender de la Palabra de Dios, ¿o es que no puedo?» (los viernes son las salidas.) Y yo le pregunté «pero ¿sales hoy?» «No, el viernes que viene». «¿Para no volver?» «Para no volver nunca más». Solo llevaba un año, pero se le había hecho un poco largo, nos compartía. Otro que vino el viernes pasado su primer día y decía «¿cuántos días hay que venir, sólo los viernes?» Yo venía más días.” La verdad es que yo también.
Ayer estuvimos hablando en la catequesis del perdón y uno compartía que Jesús en la cruz, yo pensaba que iba a decir «Padre perdónales porque no saben lo que hacen». Pero no, el se fijó en que perdonó al que estaban crucificando con Él, y le dijo que hoy mismo estaría con él en el paraíso, y decía «Dios siempre está dispuesto a perdonarnos, basta con arrepentirnos y cambiar». Ese chico había pedido que viniera un sacerdote a confesarle.
Otro viernes estuvimos hablando sobre la Parábola del Hijo Pródigo, mejor llamada del Padre Bueno, creo que es preciosa para todos, pero para los internos en ese momento vital que están viviendo creo que todavía más. Participaron mucho. Les animé a sacar características del Padre, el hijo menor y el hijo mayor. Empezaron por el Padre: justo, bondadoso, misericordioso, Amoroso… «¿Y si os tenéis que quedar con una con cuál os quedarías?» Y uno gritando «con el Amor». Les pregunté «¿en qué se gastó el dinero el hermano menor?» Y empieza uno «en bebedera», el otro «en mujeres» y el otro «en la gallera» (jeje eso nunca me lo dirían en Madrid me ha hecho gracia, aquí es muy típico apostar en las peleas de gallos), lo llevan mucho a su vida. Al acabar les pregunté que con qué se quedaban. Y me dice uno que Dios nos espera con los brazos abiertos si queremos volver a Él. Otro, que si estamos dispuestos a cambiar, Dios es misericordioso. Que Dios ama a todos sin distinción. Amén.
Dios está ahí en la cárcel, acompañando su sufrimiento, su falta de cariño, el dolor por los juicios de la gente, los anima, los levanta y les dice que caminen, que Él quiere que todos tenga Vida y Vida en abundancia.
Una de las experiencias más bonitas, hace unos años, salía un interno en libertad, y antes de irse entró a la catequesis y nos preguntó si podía decirles algo a los compañeros, les dijo que era la quinta vez que caía preso, pero que era su última vez, porque allí había descubierto que se le daba muy bien pintar, que tenían que descubrir cuáles eran sus dones, para cambiar de vida cuando salieran. Le aplaudieron pensando en sus salidas, y al salir, tiró la mochila y se fundió en un abrazo eterno con su madre, el hijo pródigo, que vuelve a casa. La emoción y alegría de todos, por un hermano muerto que había vuelto a la Vida, se palpaba en el aire.
Belén Sánchez Gil
