La voz que nos robaron
Hace mucho tiempo, para hacerse un hueco en la industria musical había que, al menos, distinguir un do sostenido de un si bemol. Tampoco es que para triunfar hubiera que tener el registro de Gayarre o Pavarotti, pero sí cantar bien y saber tocar los cuatro acordes.
Pero, hacia los noventa, llegó el urinario duchampés de la música: el autotune. Como siempre, Los Simpsons ya lo predijeron el día que hicieron de Bart un Back Street Boy alistándolo en la Marina, el día en el que pulsaron el botón y dejaron de afinar..
Durante un tiempo, los artistas (y productores) usaron el autotune con vergüenza y lo mínimo posible. Pero, poco a poco, la pendiente resbaladiza se convirtió en una caída ladera abajo de la montaña, primero una bolita de nieve, luego un alud.
Después, ya se empezó a usar el autotune sin remordimientos como Cher, con su Do you believe. En aquel momento se utilizó como algo artístico.
Y, de la misma manera que el Rococó siguió al Barroco, ahora el autotune es tan, pero tan excesivo, que algunas canciones no hay quien las entienda y suenan todas a ese regustillo metálico de haberte chupado la sangre de la herida. A ver si cicatriza y podemos pasar a otra cosa, mariposa.
Ya no hay notas, y de los ritmos mejor no hablemos. ¿Qué queda en la música? Al igual que el cine nos ha robado el color, la música nos ha robado la voz. Ya no escuchamos en el ‘mainstream’ voces desgarradas, voces particulares, timbres originales, sino un procesionar de sonidos iguales los unos de los anteriores, salvo honrosas excepciones, algunas de ellas con mucho éxito, gracias a Dios.
Y me acuerdo de don Evaristo, mi profe de música en el colegio, al que tengo que reconocer su mérito por acercarnos la cultura musical a una panda de adolescentes que creíamos que lo que sonaba en Los 40 era mejor que las delicias clásicas que nos hacía escuchar. Pero hay una frase que, por algún motivo, se quedó grabada en mi memoria: «No hay ningún instrumento de música más perfecto que la voz». Qué razón tenía.
¿Será que la naturaleza es inigualable?
Asier Solana

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