Bondad que transforma
No podemos imaginar la repercusión que tienen nuestras acciones en el entorno que nos rodea, en nuestra familia, en nuestros compañeros de trabajo, en los amigos o en los desconocidos con los que interactuamos diariamente, sin apenas percatarnos de ello.
La aceleración con la que vivimos no nos permite pensar en esas consecuencias.
Esa reflexión viene al hilo de la lectura de un original libro que, como se suele decir de manera coloquial, «me ha dejado muy buen sabor de boca». Es una novela de la que tuve conocimiento a través de un post en redes sociales y que me compré sin dudar cuando leí las reseñas de las personas que la habían leído. Se trata de Theo de Golden de Allen Leví publicada por la editorial Grijalbo.
La lectura engancha desde el principio por su originalidad y humanidad. No es algo grandioso, ni que llame la atención. Es una historia que se va tejiendo poco a poco a través de las vidas de los personajes que enriquecen la historia y muestran la diversidad de las experiencias humanas. Esos hechos te atrapan desde el minuto uno, al sentirte identificado con muchos de ellos según va avanzando la historia.
El estilo del autor, Allen Levi es poético pero directo, con una narrativa fluida que combina la fantasía suave con enseñanzas profundas. La obra destaca por su trasfondo moral y ético, abordando temas como la lealtad, la bondad, el sacrificio y la empatía.
No puedo desvelar detalles importantes que harían que perdiera el atractivo para los que no la hayan leído, pero sí decir que Theo nos lleva de la mano con su bondad y humanidad de vuelta al mundo real, a la conversación pausada con las personas, a la escucha activa- que se dice ahora- de los problemas de los demás, a la observación tranquila que permite detectar si una persona sufre o está pasando por un mal trance o a la contemplación pausada de la naturaleza urbana y rural.
Si las acciones de Theo las trasladamos a nuestra cotidianidad podemos conseguir ser mejores personas y cambiar algo esta sociedad actual en la que casi ni nos miramos a los ojos (la pantalla del móvil capta toda nuestra atención). El protagonista nos dice, con relación a esto, que «hay personas a las que puedes mirar a los ojos y ver en ellas todo el amor y la bondad del mundo juntos» (pero para ello hay que mirar a los ojos).
Los hechos que le inducen a actuar del modo que lo hace no se pueden desvelar, pero sí decir que es el amor el que le guía, es el Evangelio el que le marca el camino y es la naturaleza, el espejo en el que Dios se refleja.
En cada conversación hay una transformación de la persona que habla con el protagonista. ¿Transformamos nosotros a los demás cuando hablamos con ellos? ¿Somos capaces de cambiar un poco las vidas de las personas con las que convivimos o interactuamos, con nuestras palabras amables y sin censura?
¿Y si, en lugar de juzgar, criticar o menospreciar, escucháramos y con calma procesáramos lo que decimos? Seguramente el efecto de nuestras palabras en nuestros semejantes sería diferente. Un pequeño gesto sin importancia, una caricia, una palabra de perdón o un acto inocente y cotidiano, puede provocar grandes cambios en la vida diaria que nos rodea.
A veces tenemos la sensación de que todo va mal, pero no nos hemos sentado (como Theo) a observar con el corazón, no nos hemos parado a mirar en nuestro interior, ni a identificar todo lo bueno que podemos dar a los demás. Defectos tenemos todos, pero virtudes también, y muchas. Hay personas que solo se dedican a poner en valor los primeros y de su boca no escuchas nunca nada positivo. Quizás hay que despedirse de esas personas con educación (con los modales exquisitos de Theo) y centrarnos en lo que puede dar fruto abundante.
Tampoco deberíamos olvidar los pequeños detalles materiales que desatan la ilusión y provocan una sonrisa de alegría en los otros cuando los reciben. Theo es especialista en esas acciones que hacen felices a los demás. Porque no importa el tiempo que vivamos en un lugar, lo importante es cómo lo hagamos y qué dejamos en él cuando nos vamos.
Si pueden no se pierdan este verano esta lectura reconfortante y enriquecedora, que combina aventura, reflexión y un mensaje positivo sobre la humanidad.
Clara M. Tascón
