Seis años
Para empezar, me gustaría recordar a las miles de personas a quienes no les pudimos poner cara y murieron hace seis, cinco años. Quien más, quien menos, conoce alguien a quien la pandemia se llevó o que, al menos, quedó con graves secuelas. Pero, excepto por una foto, a los muertos no los hemos visto y no sé si es bueno del todo.
Me gustaría recordar una cosa de la primavera de 2020: cuando empezaba todo aquello (no esto, no; aquello, que ya queda lejos), el papa Francisco lanzó un mensaje que todavía recuerdo: vino a decir que, de esta, salíamos o mejor o peor como sociedad, pero que no podíamos salir igual. Creo que tenía razón. Creo que, en nuestro país, salimos peor. Como sociedad, digo. Creo, además, que hoy el mundo en general está peor que hace cinco años y, aunque no tenga todo que ver con la pandemia, posiblemente muchas cosas se aceleraron a partir de entonces
En lo personal, no me quejo. Estoy muchísimo mejor que entonces, y muchos de los caminos que me han llevado hasta aquí empezaron ahí. Pero miro a mi alrededor y es como si el mundo no esperase mejorar, y las decisiones se tomaran, en general, con esa expectativa. En consecuencia, tomar las decisiones si uno piensa que todo va a ir a peor puede terminar siendo una profecía autocumplida.
No lo termino de entender. El mundo fue capaz de doblegar a la pandemia en apenas un año y, aunque millones fallecieron, nada que ver con otros eventos equivalentes del pasado que llegaron a diezmar poblaciones de imperios o continentes. En el fondo, estamos en la época de la humanidad en la que una persona puede vivir mejor (en general).
Pero no todo descansa sobre lo material. Lo importante, a mi entender, está en el sentido. Y no me parece que tengamos claro de dónde venimos ni, mucho menos, adónde vamos.
Asier Solana
