Limosna
La limosna para un cristiano, es poner en acción el Amor, “lo que hemos recibido gratis, darlo gratis”, es restaurar la justicia “devolverle al otro, lo que en realidad le pertenece, pero que por egoísmo humano, se lo hemos quitado”. En un mundo donde las desigualdades son cada vez mayores, y algunos acumulamos demasiado mientras que muchos no tienen lo necesario para vivir dignamente, deberíamos imitar a las primeras comunidades que “compartían los bienes según su necesidad”. La limosna, es aliviar al que sufre, es compartir con humildad, es entregarse el uno al otro y viceversa; la limosna es comunión y es compromiso con el hermano. Es compasión y misericordia.
La limosna no es dar para que me vean en las redes sociales. “Cuando des limosna, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace tu mano derecha”. No hagamos de la limosna un espectáculo. La limosna no es dar lo que yo quiero, aunque no sea lo que necesiten; la limosna no es ponerme a mí en el centro, sino al prójimo. Tampoco es dar lo que ya no quiero, me sobra o no me sirve, eso es deshacerse de cosas. Siempre me fascinó la limosna de esa pobre viuda del evangelio que “dio lo que necesitaba”. La limosna no se da para sentirnos mejor, tiene que transformarnos. La limosna no compra favores, ni reconocimiento, ni bendiciones; el amor no se compra. La limosna no es mirar al pobre desde arriba, ni es paternalismo, la limosna es justicia con el prójimo y no tan prójimo. La limosna no es dar, para no comprometerme más.
Hay planteamientos sobre la limosna que me siguen sorprendiendo:
“Yo doy dinero pero no tengo tiempo para darme, y si me comprometo a algo puntual”. Así no me complico la vida, pero tampoco dar dinero me transforma. En Balimayá nos cuesta mucho encontrar acompañantes para los chicos migrantes, mucho más que colaboradores económicos, también muy necesarios. Pero mucha gente se pierde el proceso tan bonito que es verles aprender español, formarse, aprender a convivir, a ser familia, conocer su historia y entrar en esa Tierra Sagrada que somos… pero también la alegría compartida de regularizar su situación después de tantas piedras en el camino, o del reencuentro con sus familias después de un viaje demasiado largo y difícil. Un camino compartido que amplÍa tu mirada y ensancha tu corazón con tu hermano que viene de lejos .“Cada vez que lo hicisteis con alguno de éstos, a mí me lo hicisteis”. Un camino donde los prejuicios se van dejando atrás en cada paso.
“Yo prefiero donar material que mandar dinero para una beca o lo que haga falta”. Es posible que el coste del material sea más alto aquí que allá si es para un país empobrecido; añádele el precio del transporte y la contaminación que produce enviarlo. Si allí venden el material, fomentarías la economía local. Eso suponiendo que mandas material para todos y no sólo a unos pocos, para que no haya distinciones. Y lo más importante, es más digno para el que lo recibe elegir sus propios materiales, porque así compra lo que le gusta y necesita. ¿Lo has pensado bien? ¿A quién estás poniendo en el centro?
“Yo sigo con mi proyecto, aunque no responda a las necesidades actuales”. Tal vez por miedo, por prejuicios, o por falta de confianza. No dejemos sola a la vulnerabilidad. Al final se produce un desaprovechamiento de los recursos humanos y económicos por miedo al cambio. Dios siempre provee, sostiene, y acompaña. “Mi yugo es llevadero y mi carga es ligera”. Ese lanzarse al vacío que da vértigo, siempre está sostenido por Dios. ¡Confía! Siempre me fascinó la historia de adaptación de AJIVA (Asociación Infantil y Juvenil Virgen de Atocha) a las necesidades de cada momento. Comenzó dando apoyo escolar, como muchos venían de fuera y los fines de semana tenían pocos planes nació el programa de ocio y tiempo libre los sábados. Como la idea no era formar un gueto sino integrar a los chicos vulnerables, se creó el programa de deportes al que acudían todo tipo de chicos. Empezó a haber chicos que consumían drogas, y se formó el programa de prevención de drogas y por último, como muchos no tenían vacaciones, surgió el campamento de verano, que además de muchas alegrías, nos daba muchos quebraderos de cabeza para conseguir los recursos necesarios. Y ahí estaba Dios empujando. “No temas, yo estoy contigo”.
Jesús que se entregó por Amor, cuenta con nosotros para Amar y construir su Reino ¿estamos dispuestos? ¿A qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con quién? ¿Qué brota en tu corazón?
No olvidemos nunca: “Si no tengo amor, de nada me sirve”.
Belén Sánchez
