Contigo por el camino, Adviento con María
En la mañana de noviembre temprano cuando vamos acabando el año litúrgico escucho este canto a la salida de misa en la misión de Malabo. La misión se va consolidando y acercando a su término. Pero aún queda la etapa más hermosa y más intensa que es el Adviento. Desde que lo celebro aquí en los últimos tres años, se me viene descubriendo su sentido con más fuerza, pues lo precario y lo despojado de tantas situaciones vividas en este lugar hace la espera y la paciencia más reales, como actitudes necesarias en las que sostener de verdad la existencia y sostenerse.
Como digo, al tiempo que la misión se consolida como tarea cotidiana y no excepcional, cada experiencia, cada encuentro, cada conversación con unos y con otros se hacen más significativas. Sobre todo en las celebraciones litúrgicas a la luz de las lecturas. Un versículo de un salmo, una escena evangélica, desde la misión se despejan resplandecientes en nuevos horizontes existenciales y espirituales.
El domingo pasado los dominicos me pidieron una pequeña charla sobre el significado del Adviento, para impartir después de misa en la nueva parroquia que les han asignado, Santa Beatriz. Se me pedía algo sencillo, pero, por lo mismo, era un reto que me invitaba a simplificar yendo a lo esencial, descubriendo en la oración, antes de hablar a otros, que menos es más.
Y aquí vuelvo al título, me daba cuenta de que efectivamente contigo por el camino, santa María va, como cantábamos de jóvenes. El tiempo del Adviento en la espera y la paciencia es el tiempo de María en la acogida de lo cotidiano. Leía, mientras preparaba estas reflexiones para la charla y para un pequeño retiro de media jornada que habré de hacer en la misma parroquia, Las casas de María, la acogida en lo cotidiano, de Ermes Ronchi.
Se trata de una obrita de espiritualidad que en forma de breves relatos, basados en los evangelios, resuenan desde el eco personal de su autor, con él vamos recorriendo las casas de María, las casas donde es posible encontrar a Dios en cada gesto, las casas donde se habla al corazón, donde la vida nace, es custodiada, y crece en edad, sabiduría y gracia, cada una de nuestras casas, donde cada vida puede renovarse…
Desde los umbrales: la casa de los profetas, la casa de las dudas y los sueños, la casa del pan y la casa del vino, la casa de los dones, los laberintos y los patios de preguntas y de heridas sin curar… Así iba siguiendo el camino de María, con este autor, apoyado sobre todo en el evangelio de Lucas. Y me di cuenta que todo el recorrido de María es un tránsito de Adviento: sin ruido, sin prisas, sin alaracas, un tránsito diligente de acogida, de escucha y de servicio.
Cerrándose ya el jubileo de la esperanza, el camino de María, recién anunciada para visitar a su prima Isabel se me revelaba como un icono abierto del Adviento, desplegándose desde del tiempo de la espera hacia lo eterno, en el ya, pero todavía no de esta Visitación donde ambas mujeres celebran, sin saber probablemente todavía su alcance, la Vida, la Vida anunciada y acogida.
Con tanto desencanto en nuestra sociedad líquida y cansada, de angustias presentes y miedos futuros, estará bien volver la mirada a esas escenas sencillas, domésticas, de interiores aparentemente insignificantes. Descubriremos un Adviento que nada tiene que ver con modas de interiorismo en decoración navideña, ni tampoco con exterioridades profanas y comerciales, donde la luz por ejemplo, tan costosa para muchos hogares, se despilfarra en neones de feria y de ruido que pretenden tal vez desdibujar el aburrimiento en una tarde fría de domingo, y nos engañan con falsas candelas .
Por eso, desde lo justo necesario, lo poco, lo que apenas alcanza, pero llegaremos de aquí a Navidad, desde el calor asfixiante del trópico, cuando ya deja de llover, quiero recordaros que contigo por el camino Santa María va… Y ojalá nos dejemos acompañar y hacer el encontradizo en este Adviento con la diligencia de tantas Marías, Martas, Isabeles, Samaritanas. Mujeres de la casa, de la espera, del patio, de la vida que ama la Vida y busca las fuentes y los pozos de agua viva.
Sagrario Rollán
