Opinión

Santo Domingo Vs Buen Samaritano

Mucho se ha escrito sobre Santo Domingo de Guzmán y su profunda compasión. Es más, se dice que ya desde su infancia mostraba esta virtud, la cual mantuvo y practicó de manera constante a lo largo de toda su vida. Santo Domingo comprendió perfectamente que las virtudes se trasmiten a través de la vida que lleva un sujeto determinado y, en la mayoría de las ocasiones, sin describir la virtud en cuestión de una forma explícita. Así pues, Santo Domingo descubrió la excelencia compasiva que latía en su conciencia. A ese descubrimiento le dio solidez y firmeza. Y luego, a través del ejemplo y el testimonio, fue aprendiendo formas determinadas de dar respuestas. Es cierto que al hablar de la compasión en Santo Domingo siempre se hace referencia al episodio de la venta de los libros en Palencia. Sin embargo, en este texto me voy a servir de otro episodio igual de compasivo, igual de amoroso y profundamente dominicano: el diálogo que mantuvieron Santo Domingo y el hospedero seguidor de la «herejía cátara».

Pero antes de adentrarnos en el compasivo episodio de Domingo y el hospedero, es preciso acercarnos a la Sagrada Escritura y, grosso modo, contextualizarlo desde la «parábola del buen samaritano» (Lc 10,25-37). ¿Por qué? Pues porque es el mejor ejemplo de la práctica de la compasión y, sin duda, es el texto evangélico compasivo por excelencia. En la parábola del buen samaritano no solo se nos habla de una solidaridad humana, sino de la praxis del amor de Dios. Y la cuestión no es identificar a quién hay que amar, sino que la parábola apela a algo mucho más fundamental: amar a quien sea, sin preguntarse el porqué. Porque Dios, como el samaritano de la parábola, no se hace esas preguntas. Si miramos esto desde el diálogo entre Santo Domingo y el hospedero, descubrimos que Domingo puso todo su saber al servicio de una situación en la que era precisa una reacción compasiva. Y algo tiene esta reacción, es decir, algo encierra esta «primera conversión», ya que, de no ser así, no aparecería en prácticamente todas las publicaciones que relatan la vida y los hechos de Santo Domingo de Guzmán. Y es que el diálogo de Santo Domingo con el hospedero nos habla de contrastes, de preguntas y de respuestas. Como también de acercamiento y proximidad para comprender mejor. Y es que Domingo se comprometió, cual samaritano de la parábola de Lucas, en una creativa e intelectual práctica de la compasión. Puso toda su realidad amante en aquel hospedero de quien se hizo prójimo, y lo ayudó para que comprendiera las palabras de la fe. Hizo que las liberara de todo prejuicio y de todo error en el que se encontraban por influjo del ambiente, para que luego pudiera escuchar, aceptar y acoger con todo su ser la Verdad del Evangelio.

Considero que quizá la Familia Dominicana ha echado demasiado en el olvido este episodio dialogal de Santo Domingo con el hospedero. Y este olvido habría que subsanarlo. ¿Por qué? Pues porque nos encontramos ante el origen del fundamento compasivo dominicano; ante lo que nos caracteriza; ante nuestra razón de ser y nuestra misión en la Iglesia. Nuestra predicación, que ha de ser siempre compasiva e intelectual, es la forma dominicana de ejercer nuestro servicio para que se siga edificando la Iglesia. Que es para lo que Santo Domingo fundó la Orden de Predicadores. Él, que llevaba siempre consigo las cartas de San Pablo, seguramente tendría marcado a fuego lo que escribió el Apóstol en la primera carta a los Corintios: « (…) pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar» (Cfr. 1ª Cor 1,17).  Y es que, al igual que en la época de Santo Domingo, sigue habiendo una carencia considerable de fe pensada, siguen existiendo muchos «hospederos» con una imagen desdibujada de Dios que les imposibilita asimilar de forma lúcida su fe. Por ello, urge, quizá más que nunca, una reacción amoroso-compasivo-intelectual para que la puedan experimentar de forma viva y creativa. Sí, como se nos relata, magistralmente, en la parábola del Buen Samaritano, y como le ocurrió al hospedero al encontrarse con Domingo.

La compasión es el fundamento de la experiencia de fe cristiana. Es más, Santo Tomás de Aquino afirma que «es la suma de la religión cristiana» (Cfr. ST, II-II, q. 30, a.4, ad.2). Pues bien, partiendo de esta base, no le resultará difícil a la Familia Dominicana unirse a esta visión y, al mismo tiempo, actualizar sus propias raíces. Raíces de una predicación compasiva e intelectual que surgió de un diálogo transformador, donde Domingo fue capaz de conmover el alma de aquel hospedero. Por eso, rememorar este diálogo debe impulsarnos a rehacernos interiormente y convertirnos, para poder así aprender el noble y difícil arte de aprojimarnos con el corazón abierto y la mente despierta.

Fr. Ángel Fariña, OP