Predicar en cualquier lugar
No imaginaba que la predicación podía estar en un rap en el metro.
El otro día, en hora punta en el metro, la gente salía del trabajo o se dirigía a él como un día más.
La mayoría estamos ensimismados en nuestro teléfono móvil o en nuestras historias, pero de repente, dos chicos con micro en mano y altavoz acapararon toda nuestra atención. Se presentaron pidiendo perdón y dando gracias a Dios, no muy común en estos días que corren.
Continuaron cantando-rapeando con una letra que hacía un recorrido por sus vidas. Al vagón entero, se palpaba en el ambiente, nos iban captando y con cada verso nos seguían sorprendiendo. Era una historia dura. Como inmigrantes venezolanos huían de una situación difícil y buscaban hacerse un hueco aquí.
En el relato, no paraban de comentar el trabajo, la motivación, las ganas, el esfuerzo que hacían y todo ello con una gran sonrisa.
A pesar de las dificultades, estos chicos solo mandaban un mensaje de esperanza, siendo un testimonio de fe. “Bendiciones” terminaron diciendo.
Su música, sus palabras, sus sonrisas y sus bonitos gestos tuvieron su recompensa. Además de ganarse unas monedillas e irse felices, creo que hicieron mucho más que eso, dejaron en el vagón alegría, un testimonio de esperanza para todos los que allí estábamos.
¡Qué importante son las palabras, los actos y los pequeños gestos!
Que cada uno de nosotros seamos predicadores allí donde nos encontremos, del amor de Dios, trasmitiendo, a pesar de las dificultades, siempre un mensaje de esperanza.
Belén Rodríguez Román
