Cuando la luz eléctrica se apaga, la luz humana se enciende
Hoy celebramos el día de Santa Catalina, laica dominica, entre sus muchas frases, hoy me quedaría con “si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero”.
Ayer fue un día distinto, de los que últimamente nos está tocando vivir, pero en el que otra vez salió a relucir la humanidad y la fraternidad.
Al salir del trabajo, había una señora mayor en silla de ruedas, su portal se vislumbraba al fondo con muchas escaleras; la siguiente imagen fueron 4 jóvenes que la cogían a la silla a la reina para subirla a su casa.
Al cruzar había un lenguaje gestual que hablaba por sí solo; cuando se acumulaba mucha gente en la acera, los coches se paraban para dejarnos pasar, y ya en algún cruce importante la policía hizo una gran labor.
Cuando llegué a mi casa, había varios vecinos hablando, yo tengo gas por si necesitáis calentar algo, no sé si podré subir las escaleras, pues en tal piso tienes tu casa. ¿Tenéis radio con pilas? Creo que ayer dentro de la oscuridad, éramos muy conscientes de la importancia de cuidarnos unos a otros, de hacernos prójimos, Dios nos impulsaba a ello.
Cuando bajé por la tarde, me sorprendió el bullicio en el patio, los niños jugando y los padres hablando. ¡Cómo antes! Por el camino vi a varios extranjeros muy perdidos, no sabían dónde tenían que ir, pero mucha gente intentaba ayudarles y orientarles.
Ojalá no fuésemos tan indiferentes a la realidad que viven muchos, ¿Cuánta gente en el mundo vive sin luz eléctrica? Y valoráramos y agradeciéramos más lo que tenemos, sobre todo a la gente que nos quiere. Ayer un muy buen amigo de mi hermano le escribió, os espero a ti y a tu familia en el aeropuerto de mi país, hay gestos que hablan por sí solos…
Cuando volvió la luz, las redes sociales se inundaron de mensajes preguntando cómo estábamos. Ojalá no tuvieran que pasar estas cosas para sacar lo mejor de nosotros mismos, para ser más hermanos.
Belén Sánchez Gil
