Opinión

Adentro

La semana pasada escuché por primera vez a alguien sospechar de la dopamina. No porque no sea real que funcionamos a base de satisfacciones a largo y corto plazo, decía esta joven, sino más bien porque nuestra existencia no puede reducirse, simple y complejamente, al juego químico del cerebro. La satisfacción inmediata, y el sistema económico que está detrás, puede que acorte el mundo: ¿La vida se trata de ir de satisfacción en satisfacción? Por lo menos para Jesús de Nazaret, la existencia humana tiene una consistencia diferente. El relato de Simón y el adentro del mar nos hablan de un modo diferente de entender la vida y sus horizontes.

El texto nos ubica entre dos espacios: la orilla, un afuera, y el lago, el adentro. Se trata de un texto vocacional, que nos sitúa en el comienzo de la relación entre Jesús y sus primeros discípulos. Lc es el único que deja entrever que antes de este episodio, Simón y compañía ya habían visto y oído al misterioso nazareno (Lc 4, 31-44) Algo hay en su modo de ser, de hablar y de vivir que despierta en ellos anhelos, una atracción, algo inédito y que no experimentado antes.

Jesús lleva a Simón del afuera de la orilla, al adentro del lago (v. 4) Luego de hablarle a la multitud, lleva a Simón a las aguas de la intimidad, allí donde el pescador se las arreglaba con la soledad, la oscuridad del mar en la noche, y el vaivén de los peces. En ese adentro, el de los fracasos y la verdad (v. 5), Jesús da cuenta de su novedad: fecundidad, a la hora insospechada del día, sin cálculos, sin méritos y gratuitamente.

En este adentro, y ante el despliegue fecundo que logró la confianza, su primera reacción es volverse hacia su propio límite. Simón todavía no entiende, y tal vez lo entenderá muy tarde, que el Señor lo busca por dónde nadie antes le ha buscado. Ante su petición de lejanía (v. 8), solo hay una cercanía: “No temas”. En este adentro abrazado, hondo y sincero, el amor y la libertad le permiten a Simón descubrir que la vida puede ser diferente.

El regreso a la orilla, al afuera, ya no es como los de antes. En el adentro del lago todo ha cambiado. Jesús muestra a Simón que la vida puede ser diferente, a través de un nuevo modo de vivirse, más allá de lo establecido y sus parámetros: Es la misión de salvar personas, rescatar perdidos, ir a los valles oscuros de la marginación a descubrir el Reino que ya está allí.

Para Jesús la vida no es solo la suma y resta de satisfacciones, sino más bien la aventura de sentido y horizonte en el proyecto apasionado del Reino, en una libertad que permita llegar a todo rincón y en un amor abierto que llegue a todas las soledades y márgenes. Su propuesta amplía todas nuestras facultades, potencia todas nuestras capacidades. Solo es necesario atrevernos a ir con Él a ese adentro, dónde nos espera una fecundidad insospechada que va más allá de cualquier dopamina.

fr. Ignacio Castro Ortega op