No me lo perdería por nada
Este año cumplía años redondos y lo celebré rodeada de mucha gente a la que quiero, entre ellos mí tío Gabriel. Justo el día de antes no le habían dado muy buenas noticias en el médico, y no sé encontraba bien, pero hizo el esfuerzo de venir.
Lo pasamos muy bien, aunque no pude hacerle mucho caso. Al día siguiente le escribí agradeciéndole su presencia, sabiendo el esfuerzo que había hecho. Para mí era importante compartir ese día con él, es de los que siempre están, y me contestó “no me lo perdería por nada”.
Consecuencia de esa noticia, le operaron hace un par de semanas. La cosa se fue complicando y la semana pasada una segunda operación. La recuperación de ésta con cierto desánimo. Yo pensaba, no te imaginas lo que te quiero, tienes que luchar por ti, por Manoli y por todos los que te queremos. En ello está, paso a paso, si Dios quiere, nos queda mucho por compartir y no me lo perdería por nada del mundo.
El sábado pasado fuimos a Segovia, a ver a las monjas dominicas, y le compré a Gabriel, mi padrino de confirmación, una cruz artesana que he regalado otras veces, pero que en este caso cobra más sentido. Dice en alemán “quédate con nosotros” y en el centro una mesa compartida de Jesús con sus discípulos.
Un Dios que quiere compartir nuestras cruces, sanar nuestras heridas, sentarse con nosotros a compartir. Quédate con nosotros y coge nuestra mano. Hoy, un poco más fuerte la de Gabriel. ¡Gracias!
Belén Sánchez
