Opinión

Tomarse la vida con calma

Hay que tomarse las cosas con calma, que lo contrario es quitarse la vida y ahora no es tiempo de morirse, que cada uno hace falta en su puesto.

Una frase que, a pesar de desbordar actualidad y ser muy necesaria en este mundo en el que vivimos, quizá nos sorprenda que tiene algo más de 100 años. Ésta fue una de las frases célebres de Teresa Titos Garzón, a quien, como cada 14 de febrero, recordamos especialmente.

Hoy me tomo la libertad de “barrer para mi casa” y dedicar esta Llama a la fundadora de mi congregación, la Congregación Santo Domingo. La figura de Teresa Titos me parece todo un ejemplo de mujer audaz, valiente, con los ojos bien abiertos a las necesidades de su tiempo, rompedora y poco amiga de los “siempre se ha hecho así”. Quizá sean estas cualidades las que hagan que su testimonio siga siendo actual y relevante.

Teresa Titos nace en Granada el 4 de enero de 1852. Es la 7º de sus hermanos. Con 20 años entra en el Beaterio de Santo Domingo. El Beaterio es lo que había antes de la fundación de la Congregación, existía desde 1539, y estaba formado por un grupo de terciarias dominicas seglares que quisieron hacer votos privados, vestir hábito y hacer vida de comunidad (no de clausura, que era lo propio en la época).

La vida de las beatas dependía de un Equipo de Patronos, quienes financiaban, controlaban y administraban sus bienes, decidían quien ingresaba, básicamente… ¡lo decidían todo! En esta época la mujer no tenía apenas poder legal. Desde muy pronto, el liderazgo de Teresa fue manifiesto, la eligieron superiora de la comunidad y directora del colegio. Ella solía afirmar que no lo hice yo sola, y quizá sin ser plenamente consciente, nos mostraba esta cualidad indispensable de todo líder: el saber trabajar en equipo. También vemos reflejada la importancia que siempre dará a la comunidad.

Teresa fue una mujer culta, visionaria, adelantada a su época, rompedora, que supo dar respuesta creativa a las necesidades de su tiempo, sin miedo ante los desafíos de comienzos del siglo XX. De cierta forma diría que fue un espíritu libre.

Fue ella quien supo ver y hacer el proceso para dar el paso de Beaterio a Congregación Religiosa, y adherirse oficialmente a la Orden de Predicadores. Esto implicaba – importante – desligarse de la tutela de los patronos, cosa que les daría bastante autonomía. Supo prestar atención a las necesidades del momento histórico en el que vivió y tuvo tesón y audacia por abrir caminos nuevos.

Sentía una profunda pasión por Dios. Se dice de ella que tenía todo lo que debe tener un hijo legítimo de Nuestro Padre Santo Domingo: veracidad en el pensamiento, en palabras y sentimientos; firmeza en la justicia con todos, largueza en dar y cortedad en pedir; alegría, paz y felicidad; frente y manos francas; celo en la Fe, sacrificio por el bien de la Iglesia; nobleza guzmana.

Se dice de ella que usaba términos cotidianos para transmitir lo extraordinario de Dios en lo ordinario de la vida. ¡Qué importante es a veces decir con palabras sencillas, accesibles, un mensaje profundo!

 Luchó por la educación de las niñas, consigue los recursos para ello. Pero no se trata solo de la creación de un colegio, sino de haber sido capaz de ver la necesidad a la que hacía falta dar respuesta en ese momento. Esa es la grandeza de su obra.

Fue una mujer que logró hacerse querer y respetar por todos por su ejemplaridad y buen espíritu. Fue emprendedora y luchadora. Entre 1888-1895 luchó por el regreso de los Dominicos a Granada (habían sido expulsados en 1834 por la exclaustración de religiosos). No dudó en buscar apoyo en las instituciones religiosas, dentro de la Orden no dudó en intercambiar correspondencia con la curia en Roma…. ¡Demostró ser una gran relaciones públicas!

Fue una mujer de profunda compasión y compromiso con los más pobres, muy humana y fraterna. La verdadera opción por los pobres radica en la promoción del humanismo integral, a través de la educación y la promoción de la mujer. El papel de la mujer en la familia y en las comunidades era muy fuerte. Las mujeres somos un pilar fundamental y muchas veces, todavía hoy, el acceso a la educación o igualdad de oportunidades sigue ser real en la práctica.

Creo que la clave está en preguntarnos, desde estas cualidades: ¿Qué haría la Madre Teresa hoy? ¿Cómo pondría en práctica este humanismo integral? ¿Cómo necesitan nuestros niños y jóvenes prepararse para los desafíos de hoy? ¿Cómo contribuimos a que tengan las herramientas necesarias para la vida en los tiempos que les toca vivir?

Hoy, su legado está presente en España, Venezuela (desde 1923), Colombia (desde 1956), Rep. Democrática del Congo (desde 1972), Cuba (desde 1989), Ucrania (desde 1997), Camerún (desde 1999) y Tailandia (desde 2008). Nos sigue exhortando a observar, analizar y discernir cuáles son las mejores vías para, desde la sencillez, la humildad y en comunidad, luchar por la creación de oportunidades y por un mundo más justo. No se trata de “hacer lo de siempre”, sino seguir apostando por, como siempre, dar respuesta a las necesidades de nuestro tiempo con el “estilo de siempre”.

Hoy es también miércoles de ceniza. El Papa Francisco nos invita a que sea un tiempo en el que renovar la fe, la esperanza y la caridad. Una invitación a revisar nuestra forma de estar en el mundo, de posicionarnos, de actuar, de ser-con-otros. Que el estilo de la Madre Teresa nos guíe en este tiempo-camino de conversión, teniendo siempre claro, como solía decir ella, que nadie confió en el Señor y fue defraudado.

¡Arriba los corazones!

Mónica Marco, CSD