Cultura

De color, corrección, siempre y nunca

Acabamos de celebrar la fiesta de la Virgen del Rosario. Una fiesta en toda regla para la familia dominicana. Imagino que en muchos ámbitos se habrán preparado celebraciones de todo tipo y la fecha no habrá pasado desapercibida. Este año me tocó celebrar con niños y con jóvenes, y el pensar una actividad para niños pequeños no me fue tarea sencilla en absoluto, ¡menos mal que tengo compañeros más creativos que yo!

            Organizamos a los más peques (de 3 a 8 años) en equipos en donde estaban todas las edades mezcladas, y les dimos una imagen de la Virgen del Rosario, cortada en puzzle, para que colorearan y armaran.

            El reto se lo tomaron con la mayor de la seriedad, todos se pusieron manos a la obra, los más mayores repartieron las piezas en su equipo, buscaron los colores, organizaron, pintaron, pegaron…. No cabe duda de que tenemos un grupo de interesantes artistas que aún plantean con libertad sus trabajos y en quienes los prejuicios, los siempres y nuncas aún no están presentes.

            Sobra especificar que algunos de los diseños son bastante “vanguardistas”, y que la creatividad, la colaboración, la complementariedad, la fusión de técnicas y estilos y otras muchas cualidades salieron a flote durante la actividad.

            Fue después que me quedé pensativa. Al ir compartiendo comentarios sobre los trabajos de los niños, y valorando todo lo positivo que habían hecho, una persona – con mucho convencimiento – me dijo, “este otro (enseñándome un puzzle) lo guardamos al fondo, porque claro, la pintaron con negro”. Tardé unos segundos en procesar lo que intentaba decirme, y no encontraba palabras para romper en silencio. Esto debió ser bastante evidente, porque añadió: “claro, dónde se ha visto (una imagen de la Virgen) en negro,… como la vea fulanita….”. Y aquí ya mi cara debió ser un poema. Claramente intentaban trasladarme un “pequeño escándalo” con uno de los dibujos, pero a mi me dio risa.

            Entre asombrada, en desacuerdo e intentando dar argumentos a favor del dibujo, intenté respirar profundo y no pude evitar preguntar cuál era el problema, aunque era evidente. La cuestión se reducía a que “de toda la vida” la Virgen la pintamos de “rosita”, con una piel bonita e impecable, respondiendo a determinados cánones europeos, y claro, ésta era negra. Abierta y tajantemente dije que ese dibujo no tenía ningún problema, que era fruto del trabajo de un grupo de niños que habían hecho un muy buen trabajo de equipo, y que cada uno había colaborado según su edad, sus gustos, habilidades y los colores que tenían disponibles. ¿Por qué esta nos suponía un “problema” y no una con la cara azul u otra con la cara roja?

            A parte, yo me pregunto… ¿Cuál es la forma correcta de pintar a la Virgen del Rosario (en una actividad con niños)? (o a cualquier otra advocación). ¿De qué color era su piel? ¿En algo cambia el sentido de nuestra fiesta si nos salimos de los moldes y colores de siempre? ¿En todos los lugares del mundo se pinta de la misma manera esta imagen? No pude evitar compartir que en África la Virgen es negra, en muchos sitios viste coloridas telas africanas, en Asia tiene los ojos alargados y más pequeños; y seguramente en otras regiones esté inculturada de otras muchas formas. Y estas adaptaciones estéticas no cambian nada de su sentido profundo, sino que, al contrario, nos ayudan a acercarnos, a identificarnos. Y si con este trabajo los más pequeños aprendieron quién es y a través de sus dibujos pueden identificarla e identificarse con ella, el objetivo está más que cumplido.

            En general, entre quienes estábamos, las reacciones fueron sobre todo de alivio, aún así no se esperó un… “bueno, pero ya verás cuando lo vea fulanita”. ¡Y dale! Todos los puzzles eran estupendos y tenían el valor del trabajo compartido. Como acto “reivindicativo” los coloqué todos en la entrada, en donde todos los vemos al entrar y salir, al bajar y al subir. Quizá alguna persona no esté del todo de acuerdo, pero ver las caras de los niños al pasar, ver como la sonrisa no les cabe en la cara, ver como te dicen llenos de orgullo cuál es el dibujo de su equipo…. eso compensa cualquier tipo de posible incomodidad que alguna persona necesitará trabajarse.

            Creo que muchas veces nuestros juicios sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre lo que se debe hacer siempre y lo que no debe hacerse nunca, nos hace cortar las alas a los más pequeños… y a nosotros nos deja ciegos para ver el verdadero significado y valor de lo que tenemos delante. Cuanto me gustaría que nos permitiéramos “volar más alto”, llegar más lejos y abrirnos a la diversidad que hay en el mundo. La pienso en sentido cultural, pero también en sentido generacional, sin olvidar que esta diversidad es uno de los valores más especiales del carisma dominicano. Me encantaría que fuéramos capaces de salir de la capa superficial del “siempre y nunca” para poder mirar lo que hay en el trasfondo, que es ahí en donde encontraremos lo que de verdad importa. Y, en este caso, lo que importa es que estos niños se sientan orgullosos de su trabajo, y reconocidos por quienes estamos en su entorno más próximo.

Mónica Marco, CSD