Solidaridad

De ropa, tradiciones y cultura

Hace unos días, al lado del hospital, abrieron una tienda de trajes de chaqueta y vestidos de fiesta. Es un local pequeño pero muy bien puesto, desde la calle llama la atención. Los maniquíes del escaparate lucen unos trajes elegantes, impecables, detrás se ve una gran estantería con camisas de hombre, y del otro lado vestidos de fiesta bastante resultones. El día que abrieron no pude evitar pensar que bien podía ser una tienda en alguna calle de Madrid, de Granada, o de cualquier otra.

             Después de estar embobada con el escaparate un momento, me detuve a ver el entorno, la calle que camino cada día varias veces, y rápidamente pensé que había algo que no cuadraba del todo. Mi barrio, Mvog-Betsi, no es que sea precisamente un barrio muy top. Es un barrio de gente humilde, con algunos contrastes, pero en general la gente vive bastante al día.

             El hospital, y por lo tanto la tienda en cuestión, están en la única calle (recientemente) asfaltada que hay en el barrio. Aquí lo cotidiano es caminar por las calles de barro rojo, y si ha llovido, sortear el barro, y las lagunas de agua que se forman cada poco.

             Esto, desde luego, es un contraste fuerte. No pude evitar pensar en quiénes podrán ser los clientes de esta tienda. Del barrio muy muy pocos, de otros barrios quizá, pero… ¿quién vendrá hasta Mvog-Betsi a comprar un traje de chaqueta? ¿La gente que viene al hospital? No lo sé, pero no parece ser una opción muy natural.

             Tampoco pude evitar pensar en el aspecto cultural de la tienda. Los trajes de chaqueta y los vestidos de fiesta, como los que venden aquí, son más propios de las culturas europeas. Poco tienen que ver con la ropa tradicional de fiesta de las culturas camerunesas. Entiendo que, para muchos, el llevar un traje de chaqueta es una forma de mostrar progreso, preparación, un cierto status, de internacionalización. Pero a la vez, es también una señal de progresiva pérdida de identidad cultural, y creo que es una pena.

En Yaundé tengo la gran suerte de coincidir con personas de diferentes culturas, que cuando visten trajes de fiesta, la riqueza es enorme – también la riqueza visual. Los anglófonos con sus trajes de tela negra con bordados muy vivos en amarillo, naranja, rojo…; los del norte con unos vestidos de corte elegantísimo con telas de motivos llamativos y coloridos; los bamileké con unos estampados azul y blanco con motivos geométricos; y… dejo de enumerar porque seguro que con algunos meto la pata. Esta riqueza, poco a poco se va diluyendo.

Quizá mis vecinos no sean potenciales clientes de esta tienda, pero sí que son potenciales clientes de esa progresiva pérdida de identidad cultural a través de la ropa. La mayoría compra (o se hace) con su ropa en mercados callejeros como el que tenemos en Melen, el barrio de al lado. Aquí puedes encontrar cualquier cosa en los puestos ambulantes que llenan la calle principal: zapatos de vestir, sandalias, zapatillas de deporte, vaqueros, ropa interior, camisetas, gorros, jerseys…. ¡lo que quieras! Diría que es como El Corte Inglés del barrio, porque si hay algo que no encuentras es porque no buscaste bien.

Aquí es todo ropa de segunda mano, de esa que donamos o depositamos en los contenedores “para ayudar”. Esa misma, quiero imaginar que al menos mucha de ella, efectivamente llega y lo hace en cantidades industriales, de forma muy exagerada, tanto que inunda. En la calle ves a los dueños de cada puesto poniendo a punto bolsas y bolsas de zapatos usados, para venderlos limpitos y bien presentables. Otros tienen cerros de camisetas, blusas, faldas y pantalones en donde si buscas con buena técnica de rebajas puedes encontrar alguna cosa que merezca la pena y llevarte 3 prendas por mil francos (más o menos 1,50€). Los que se especializan en vaqueros los tienen clasificados por tonos de azul, y por mil francos puedes tener unos vaqueros de lo más in.

Estoy segura que esto tiene algunas ventajas, pero la tienda de trajes de chaqueta me ha llevado a pensar de forma más profunda en los inconvenientes de esta modernización, sea para quienes pueden permitirse un traje de chaqueta, sea para quienes compran en el barrio la ropa de segunda mano.

Siempre he defendido mucho que la forma en que nos vestimos, aunque no nos define al 100%, sí que dice algo de cada uno de nosotros, de nuestra personalidad, y también de nuestras costumbres, de nuestras tradiciones, de todo aquello que, aunque no siempre seamos conscientes, nos configura. Quizá sea un poco osado pensar así, pero sí que creo que no todo es positivo en esta globalización, y que hay mucho por hacer para frenar esta progresiva dilución o pérdida de la identidad cultural gracias a la ropa que vestimos.

Mónica Marco