Tiempo
Desde que llegué a Perú he sido consciente del tiempo. En España aprendemos que el tiempo hay que aprovecharlo, exprimirlo, porque de no hacerlo de esa forma, se te escapa.
El querer exprimirlo hace que en occidente vayamos corriendo desde que nos levantamos. Si nos damos cuenta, no invertimos más que unos pocos minutos en hacernos un café, ya que, gracias a las cápsulas, se puede conseguir una taza en muy poco tiempo. Es más, este nuevo sistema brinda la posibilidad de, mientras se hace el café, se puede estar haciendo otra cosa a la vez. Al final, se intenta ser lo más productivo posible en el menor tiempo posible.
En Pangoa me he dado cuenta que el tiempo no necesariamente implica correr, y este aprendizaje me vino cuando me estaba preparando un café.
Aquí, para poder saborear esa bebida caliente, primero se tiene que “hacer pasar”. El sistema es muy sencillo: se pone el café en un colador metálico que está dentro de una tetera, y luego, poco a poco se vierte agua para que, al pasar por los granos molidos, se obtenga el café. Este proceso es lento, porque, si se satura de agua, se estropea.
Debo reconocer que las primeras veces me desesperé, me puse nerviosa, sin embargo, poco a poco voy disfrutando del proceso y descubro que el tiempo no siempre implica correr.
Cuando te paras, en cierta forma, te permites disfrutar de las pequeñas cosas, te relajas porque aprendes a ir a otro ritmo. Y, es en este parar cuando el diálogo con Dios se da con mayor facilidad. La oración y la meditación profunda necesitan de tiempo, pero no uno cualquiera, sino uno pausado, uno consciente, uno vivido.
Desde que he llegado, el tiempo es lo que más tengo, y me he descubierto disfrutando de ver un paisaje, de oler nuevas plantas, de andar por nuevos senderos…al final, aprendes a parar, y cuando tomas la vida siendo consciente de lo que haces, la saboreas de verdad y te encuentras con Dios. Es cierto que sigo aprendiendo, que no me es fácil bajar las revoluciones, pero reconozco que vale la pena. Y tú, ¿te atreves a parar?
Ángela I. Burguet
