Opinión

La víctima en el centro

Cuando una institución recibe una denuncia es muy habitual que la primera reacción sea la de querer proteger a la misma, y eso no es malo. El problema es que se haga negando la existencia de los hechos denunciados o atacando al denunciante, y eso sí es malo. Pasa en las mejores familias, empresas e instituciones, pero es cierto que en la Iglesia, poco a poco, esta primera reacción, ese instinto ha ido cambiando.

Para cualquier institución la mejor estrategia para defenderse ante una denuncia es poner a la víctima, en caso de que les haya, en el centro. Escuchar a la víctima, entenderla, protegerla y ofrecerle todos los medios posibles para su restauración. En la Iglesia, además de ser una buena estrategia para defender a la institución, es una necesidad para no traicionar sus valores, para no dejar de ser lo que debería ser, para poner al que sufre en el centro de sus miradas.

Poniendo a la víctima en el centro el resto de pasos para proteger a la institución son mucho más fáciles de intuir: escuchar, pedir perdón, no esconderse, poner todos los medios necesarios para que no vuelva a suceder algo similar y restaurar. 

Desde hace unos años, y poco a poco, la Iglesia y sus diferentes organismos y entidades han ido apostando por la comunicación. La creación de departamentos de comunicación ha ayudado mucho a ir cambiando esa cultura del escándalo, ese instinto de querer ocultar las vergüenzas propias por la cultura de las ventanas abiertas, de reconocer las propias vergüenzas, pedir perdón por ellas y trabajar para que no se repitan.