Explorar nuestros desiertos
Explorar nuestros desiertos, espacios inhóspitos y sombríos, a veces perturbadores, miedos, heridas, cicatrices… El revés de los zapatos y los caminos, el dobladillo deshilado de tantos errores en el viejo vestido, el armario cerrado a cal y canto, con olor a naftalina. Piel y hueso, lugar donde moramos, nos vestimos, nos desengañamos. El alma doliente y el corazón que late y se derrama, al ritmo de agonías y rasguños entrelazados.
Una vida vivida, la casa que fuimos, el nido vacío. Una vida vivida, vivida y probada, larga hacia atrás, prometedora, o no, hacia adelante, a veces ilusionada: la ingenuidad de la infancia, la impaciencia de la juventud luego. Desgaste y desencanto. Sin embargo…
Sin embargo, volvemos a empezar en la casilla de salida, queriendo recomponer sin sufrir demasiado, restaurar, seguir cocinando, sinsabores o delicias, sin receta. El camino que sube y el que baja es uno y el mismo dice el poeta Eliot en Cuatro cuartetos. El camino que sube y el que baja en Cuaresma nos puede iluminar esos recorridos, a veces circulares, a veces obsesivos. Cuaresma es un brillo de esperanza, anuncio, reto, despeje. Se trata de un tiempo (kairós)de gracia que nos invita a explorar nuestros desiertos, a creer, a creer de verdad, o a querer creer de nuevo más allá de limitaciones y fatigas.
Ha habido noches oscuras, amaneceres espléndidos, hay todavía mucho trabajo por hacer, compromisos y vínculos que se van creando, lazos que se van tejiendo por el camino, más allá de las zonas de confort, cuando nos atrevemos a salir y a explorar. Mientras hay vida, hay esperanza, dice el refrán. Mas ¿cuáles son esas mis esperanzas y cuáles mis desiertos? Atreverse a explorar los desiertos interiores, las limitaciones exteriores, lo arrasado, lo improductivo, lo deficientemente construido, lo aún inaprendido. Mirar de frente esperanza y nostalgia. Atreverse a explorar el interior, sobre todo desde la oración con los salmos, así, el Señor renueva como un águila mi juventud (salmo 103), o Él endereza las rodillas cansadas y los brazos caídos (Isaías 35)
Cuaresma: un tiempo para atreverse con Nicodemo de noche, oh noche oscura, a escondidas y en celada, atreverse a desear nacer de nuevo, siendo viejo. Cuaresma: un tiempo especial, único, para renovar, revivir, fortalecer nuestra esperanza, spe salvi, desde los desiertos y los légamos, tantos, que han ido solidificando y empastando la vida con los años.
Sagrario Rollán
Créditos de la imagen: Sagrario Rollán
