Vínculos de carne
En estos tiempos de hiperconectividad e inteligencias artificiales es fácil trasladar la inmediatez y lo fugaz a nuestras relaciones personales. La rapidez con la que pasamos de imagen en imagen, video a video, audio a audio, nos puede llevar a olvidar que lo importante siempre requiere tiempo y cuidado. Y cuando se trata de lo más humano, el vínculo y la intimidad, no hay IA que pueda reemplazarnos.
De eso nos habla Jesús en el Evangelio de este pasado domingo, de mirar el misterio del amor, que escapa a cualquier fugacidad. Más allá de las trampas legalistas, y ante la posibilidad del divorcio o no (Mc 10, 2), Jesús vuelve a lo esencial de cualquier vínculo: la unidad del amor (Mc 10, 5-9). Dios ha soñado a la persona humana para el vínculo profundo y ha escondido en su bello y complejo entramado la plenitud que todas y todos anhelamos.
Tal vez lo más complejo no es el tema del divorcio, sino el misterioso camino de “ser una sola carne” (v. 8). Venimos diseñados para el encuentro y el vínculo, pero es tarea nuestra hacer el camino, desde la carne individual que somos, buscando los caminos del amor. Se trata de ir construyendo y conquistando la unidad, con la paciencia y el cuidado que lo valioso requiere, para que podamos vivir desde la plenitud que somos cuando caminamos juntos.
Ser una sola carne está lejos del afán de uniformidad y anulación de lo personal. La imagen de la carne hace referencia a una unidad que permite la vida, el movimiento, la circulación. Sin reciprocidad ni conciencia del otro, de la otra, no hay vínculo ni carne. No hay amor y fidelidad sin la delicadeza de los encuentros, sin intimidad cuidada y dedicada. En nuestras relaciones encontramos lo que nos hace más felices y lo que más nos puede hacer sufrir.
La última clave del relato la ofrece la centralidad de la niñez. Para vivir el misterio del amor es necesaria la confianza de un niño, que se abandona en los brazos de quien le cuida. En esa confianza descubriremos el Reino y los caminos del amor. ¿Cómo vivo mis relaciones? ¿Cuáles han sido mis últimos “divorcios”? El buen Dios siempre nos sale al encuentro en los encuentros ¡El amor es más fuerte que la muerte! (Cantar 8, 6).
fr. Ignacio Castro Ortega op
