Opinión

¿Clase de reli o experiencia de Dios?

Esta pregunta “ligerita” ronda mi cabeza desde hace tiempo. No es una idea original, ni tampoco algo que nadie se haya planteado antes. Seguramente tampoco sea una pregunta para el verano, pero aquí está. Es algo que realmente me interroga, no precisamente por debatir sobre cuál de las dos opciones es “la buena”, sino por lo que nos jugamos en la respuesta que damos.

Todo comenzó con una conversación de pasillo con una adolescente al terminar un periodo de exámenes. Cuando nos encontramos le pregunté ¿qué tal las notas? A o que me respondió muy bajito y en modo trabalenguas “me quedó religión”. Me quedé mirándola casi incrédula y creo que lo único que me salió fue un “pero, ¡¿a quién le queda religión?!”. En el momento me di cuenta de que quizá no fue la mejor manera de lanzar la pregunta, pero… la gente suspende mates, o física y química, o historia…. ¿pero religión? No daba crédito.  Así que entramos en una especie de bucle: yo la miraba incrédula, ella me devolvía una mirada del tipo “¿qué pasa?”… estuvimos así unos segundos hasta que le dije que no entendía nada, ¿cómo se puede suspender reli?

Está claro que nuestros pensamientos estaban en planos distintos. Yo pensaba el aprobar o suspender en función de la dificultad de la asignatura y ella lo pensaba en función del interés que le despertaba. Así que a mi pregunta tuve una respuesta que me desconcertó igual que la primera: “es que reli no me gusta, no se para qué me sirve todo eso, es que no me lo creo”.

Ahí el kit de la cuestión. Para ella, se trataba de un suspenso en una asignatura en la que hay un montón de contenidos que aprender, para los que ella no ve mucha utilidad. Y claro, también tiene en cuenta que el tiempo que necesita para retener todo lo que entra en el examen, le compensa más dedicarlo a una asignatura que, aunque quizá tampoco le interese excesivamente, cuenta de otra manera para la nota, por lo tanto, merece más ese tiempo de estudio.

De alguna manera entendí su punto, aunque seguí sin compartir su no-motivación. Seguimos hablando sobre el tema y abiertamente le pregunté que qué podía hacer para ayudarla a aprobar esa asignatura, y, sobre todo, para que intentara verla de otra manera, como algo que si aporta riqueza a su vida. De lo que fue compartiendo conmigo no fue difícil entresacar que ella esperaba o necesitaba algo más de tipo experiencial, que pudiera conectar con su vida, con sus problemas, con su realidad, y no una serie de contenidos teóricos.

Seguramente ella no representa a todos los adolescentes que asisten a clase de religión, pero estoy segura de que no es la única con esta sensación. Y de aquí la pregunta que me interroga y me interpela. Quizá se puede reformular en otras: ¿es posible tener experiencia de Dios en la clase de religión? ¿contenido académico y experiencia vital pueden ir de la mano? Creo firmemente que no solo pueden hacerlo, sino que deben hacerlo… debemos (nosotros, todos) propiciarlo.

Ya Juan de Dios Martín Velasco, en los años 60, insistía en que hemos de “huir” de los contenidos exclusivamente teóricos sobre la religión, sobre la teología, y centrarnos en lo verdaderamente importante: el hacer camino, el propiciar y tener experiencia de Dios, pues lo fundamental de nuestra fe está en el Encuentro (con mayúscula).

Realmente me lo creo, creo que experiencia y contenido académico pueden ir de la mano, y que hemos de seguir buscando vías actualizadas para lograr esta conexión. Nos la jugamos, y lo hacemos más de lo que creemos.

Mónica Marco, CSD