Religión

Los milagros en lo ordinario

Y después de Pentecostés, volvemos al tiempo Ordinario. ¿Cómo volvemos?, ¿qué esperamos de este tiempo?

Decir que algo es  “ordinario” significa que  es común, rutinario, habitual, etc. En esta época en la que vivimos, con exceso de estímulos y cambios tan rápidos, esta palabra, “ordinario” a veces da miedo, ya que en ocasiones es sinónimo de aburrimiento y  desgana. Sin embargo, es en este día a día donde podemos actuar y donde todo sucede.

En este periodo litúrgico, seguiremos aprendiendo sobre la vida de Jesús, la vida de la Iglesia, sobre María, el amor de Dios y el amor hacia los hermanos. Es en este tiempo, el más largo del año, donde podemos poner en práctica y dejar actuar al Espíritu  Santo que se nos recordó en Pentecostés.

Se hace difícil llevar a cabo esta práctica si entendemos este tiempo como una rutina que aburre. Pero si por el contrario, vemos nuestros días como una oportunidad, donde dar amor y convertirlo en hábito, donde poder seguir aprendiendo, eso nos hace estar abiertos y descubrir sorpresas en lo ordinario.

Hoy recuerdo una sencilla frase, una actitud que me gusta: “ser turista en tu propia ciudad”. Tener actitud de turista es estar ilusionado antes de que ocurra el gran viaje, es preparar con ganas algo que va a suceder, es tener una lista de horarios e imprescindibles que ver y hacer que nos aumentan las ganas de conocer el lugar, aunque no sepas si podrás hacer todo. Es captar cada detalle, es estar abiertos a los imprevistos y las sorpresas, es tener esperanza de que algo bueno va a pasar, tener disposición y los sentidos bien abiertos para captar todo con alegría.

Que vivamos este tiempo Ordinario, con actitud de turista, con disposición, amor y ganas para descubrir en lo ordinario todo lo que Dios tiene preparado para nosotros: los milagros de Dios.

Belén Rodríguez Román