Días de cruz para resucitar
¡Qué difícil se hace en estos días hablar desde la alegría! La tensión se palpa en el ambiente, la injusticia va por la calle subida en un tractor, se ve en la mirada triste y las manos agrietadas del que ama su tierra y su trabajo. El ahogo sale en la voz de la ganadera que con amor por los animales ve que no puede más. El dolor nace en la viuda que con impotencia vio como su pareja se quedaba en el mar, sin medios, por protegernos al resto de población. La incredulidad aparece en la población, ante la incomprensión de la actuación de unos niños hacía a su madre. La indiferencia viste de marca, pone su mejor cara y actúa para conseguir estar al lado de los mejores actores. Mientras la incertidumbre pasea por las calles de las islas y costas españolas y, la espera y desesperación hace cola en extranjería. La soledad se oculta en la casa de mayores y se expresa en la individualidad de muchos jóvenes. La incapacidad y agotamiento salen en forma de frustración y malestar. El sufrimiento y la falta de motivación se convierten en un bonito eslogan “por la salud mental” pero que a veces acaba en cifra, en un número más de suicidio. La violencia está ascendiendo luchando por conseguir el primer lugar, con un lenguaje cada vez más egoísta y agresivo y, haciendo que las actuaciones violentas suban al poder en todos los ámbitos, dentro de las casas, colegios, hospitales, calles… logrando que haya víctimas y victimarios.
Mientras el rey Don Dinero y el poder se ganan los corazones de políticos, mafias y personas desconocidas que alegremente ven que ellos ganan, mientras otros están sometidos pero…la cuerda se rompió. El agricultor, el ganadero, el trabajador, dijo ¡basta ya! La voz que callaba mientras trabajaba en el campo y junto a sus animales, puso el grito en las calles de la ciudad y en las redes. La viuda con su dolor dijo ¡no! ante tal injusticia y sus compañeros con su fuerza y honor acompañaron entre lágrimas al hermano asesinado y eran ejemplo por su unidad. La imagen del glamour estaba solo en la televisión pero no en la calle que gritaba. Los ciudadanos de las islas y costas acogen y acompañan como han hecho siempre a los hermanos vecinos, pero también hablan y ponen el problema sobre la mesa. Los vecinos que buscan la convivencia y el bienestar, se reúnen y salen a las calles en contra de la violencia y la ocupación de sus barrios. La necesidad de palabras alegres llena las librerías de buenos libros, muchos artículos que plasman la realidad tal como es, la música acompaña como medio de expresión y, las redes sociales se llenan de fotos ideales, de videos divertidos y de memes. Las palabras bonitas llegan con ganas y de forma directa. Los gestos de amor desde la educación y empatía se valoran y se agradecen, y hacen que cada persona importe. Las ganas de reunión, de compartir, de hablar, de viajar, conocer, nos llevan a ver que somos mucho más que personas aisladas, que necesitamos de los demás para crecer. La necesidad de buscar un sentido y tener esperanza crea más grupos de fe, llena más las Iglesias. Crece lo espiritual.
No son días de alegría, son días de enfado, de parar, reflexionar y actuar. Son días de cruz, de dolor frente las injusticias, que nos permite tomar conciencia. Nos llevan a actuar con amor y vivir con esperanza, una sociedad que quiere recuperar su humanidad y tomar el camino del bien que tanta alegría nos trae.
“El Hijo del hombre tiene que ser entregado en mano de hombres pecadores, y ser crucificado, pero al tercer día resucitará”. Lucas 24:6-7.
Belén Rodríguez
