Religión

Tiene autoridad y lo obedecen

Escuchábamos en el evangelio de ayer sobre la vida pública de Jesús: “enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.” “Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Es raro escuchar en los tiempos que corren la palabra “autoridad”, convirtiéndose casi una palabra tabú. La autoridad se asocia con poder, obligación, mandato, obediencia, incluso a veces ausencia de libertad o violencia. En la mayoría de ocasiones tiene una connotación negativa sin embargo, es curioso como el evangelio le da gran importancia a esa forma que tenía Jesús de enseñar.

El origen de la palabra “autoridad” proviene del latín “auctoritas”, del verbo “augere” que significa, hacer crecer. Este origen implica una obediencia pero sin coacción, es reconocer como legítimo por parte del que obedece, al que manda (Kojeve, 2004). Una de las acepciones de la RAE tiene relación directa con esto, “Autoridad: prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.”  En común con el evangelio, reconoce que una persona tiene esa autoridad por su competencia y enseñanza.

Hoy en día es fácil ver que, todo el mundo sabe de todo, muchos expertos de “lo leí en un libro, lo ví en un video, lo encontré en Google o lo dijeron en la televisión”. Vivimos en la  sociedad de la titulitis, sin embargo el nivel de la educación es cada vez más bajo y la motivación por aprender es cada vez menor. Se crean los niños burbuja, sin pautas, superprotegidos, aislados del dolor y sin herramientas para hacer frente a las dificultades.  La frustración y la inseguridad son las reinas que mandan sobre los jóvenes que se encuentran perdidos por exceso de libertad y ausencia de responsabilidades. Políticos que hablan desde el poder sin tener competencias y se ponen de ejemplo de éxito, beneficiándose solo a ellos mismos. El valor del respeto a la autoridad y con ello el aprendizaje, brilla por su ausencia.

El ejemplo que nos pone el evangelio sobre la figura de Jesús, responde a la necesidad de tener grandes referentes de los que podamos aprender. Seguramente tengáis en el recuerdo algún maestro que os enseñó con autoridad, pero no de los que han podido enseñar con violencia, sino de los que con su simple presencia, su coherencia, sabiduría y seguridad te hacían que obedecieras y que tras un tiempo, reconocieras que el camino que te enseñó, efectivamente era bueno.

A parte de poder tener grandes referentes y personas que han sido y son ejemplo, es importante la actitud que nosotros tenemos (que es lo que más falta a día de hoy). Reconocer a una persona con autoridad nos hace ser humildes, aceptar que nos equivocamos, que nos faltan competencias, que necesitamos ayuda, que a veces necesitamos hacerle caso al que más sabe y tendremos que dejar a un lado nuestras ideas. El respeto por la persona de autoridad nos hace escuchar, aprender, cambiar y crecer.

Jesús nos enseña que la Verdad no se encuentra en lo superfluo, en el exceso de información actual, en las noticias cambiantes, sino en la relación previa con el Padre y que posteriormente es trasmitida con coherencia a los demás. Que sepamos ser humildes respetando y aprendiendo de las personas de autoridad, que seamos nosotros también personas que enseñen a crecer desde el amor, dando pautas coherentes y reflejando la realidad tal cual es y siempre tengamos presente que en la relación con Dios, es donde podemos encontrar la Verdad.

Belén Rodríguez