Solidaridad

Lo que aporta, importa

El otro día veíamos en la televisión el programa de “Misioneros por el Mundo”. Para comenzar me gusto ver en la entradilla del programa caras conocidas de la familia dominicana. Fue un orgullo ver a la Hermana Humbelina, Misionera Dominica, y que aunque fuera a través de la pantalla, pudiéramos conocer a tantas personas que aportaban. No hablo de dar aportaciones económicas o tiempo a otros países,  sino de ser ejemplo de personas que aportan humanidad estén donde estén.

El programa trata de dar visibilidad a las obras misioneras que tiene la Iglesia alrededor del mundo, aunque a mí me gustaría describirlo más como una manera  de dar visibilidad a tantas formas de vivir, de creer, de compartir, a través de personas de diferentes países y de hombres y mujeres que siguieron el camino Dios fuera de su lugar de nacimiento. Y lo más importante, Dios es el principal actor.

El concepto que se ha tenido y que a veces aún se tiene de La Misión de la Iglesia se enfoca muchas veces desde una misión muy paternalista y simplista “yo extranjero vengo a solucionarte a ti” o “vengo a ayudar”, y nada más lejos de la realidad.

Al ir conociendo el país que nos presentan en el programa, a demás de conocer diferentes lugares, con su propia naturaleza, y características históricas y culturales te das cuenta de que “solo sé, que no sé nada”. Desde la primera bofetada de humildad te van haciendo recorrido por todo el país, pero no solo a nivel geográfico, sino a nivel humano.

Sus habitantes y los religiosos que lo enseñan, explican las distintas formas de vida y nos dan una visión general de las oportunidades y de los problemas del país. Explican su día a día, si el trabajo de la ganadería, que si el trabajo en el hospital, el cuidado de los hijos, los trabajos esporádicos, las reuniones sociales, pero en todo, el centro es Dios.

Hay algo que se trasmite a lo largo del programa, que no es solo ayuda, compromiso, acción social, sino algo que va más allá y se ve en las personas en forma de sonrisa y paz. Es algo que caracteriza a muchas personas, escondidos en muchos rincones del planeta, muchos misioneros, su forma de estar en el mundo es diferente,  aportan vida. Aunque alrededor haya hambre, muerte, dolor, al sentirse instrumentos de Dios, viven en Confianza plena, desde el agradecimiento y al servicio. Aporta amor allí por donde pasan y muestra al mundo que su misión es clara: que Dios es eso, amor. El mundo está lleno de personas que aportan, que hace visible el amor de Dios, que seamos nosotros también personas que aportamos vida, teniendo a Dios como centro y trasmitiendo todo su amor.

Belén Rodríguez Román