Rostros de Dios
En estos días llenos de eslóganes políticos y mensajes de “salvación”, llegaba la siguiente noticia: “entre ambos países acuerdan enviar/acoger (según el medio) X número de inmigrantes”. Una vez más se me ponían los pelos de punta al ver como caravanas de miles de personas buscando un futuro mejor, expuestos a todo tipo de mafias, eran tratados como si fueran simples fichas del ajedrez político. La vida de tantas personas quedando reducida al interés político y a la foto.
Uno de los grandes problemas que tenemos hoy en día es que le hemos quitado valor a la vida. Hemos dejado de lado lo importante que es para todos el reconocer que cada persona es única y que cada vida es completamente diferente e irrepetible. Cada persona es imprescindible (que no dioses) en el mundo, ya que cada uno cuenta con su propia historia y con sus propias habilidades y capacidades. Así Dios nos ha creado, cada uno con dones diferentes pero, no para el reconocimiento con medallas sino para ponerlos al servicio de la comunidad.
Encontrar cúal es la misión que ha puesto Dios en cada uno de nosotros es todo un reto y un trabajo diario que requiere de oración, donde reconocemos con humildad que nuestra vida es suya. Ese encuentro con Dios nos lleva a nuestro propio conocimiento pero también al de los hermanos. Ponernos al servicio y reconocer la valía de los demás viéndolos como vidas únicas e irrepetibles, nos lleva a la compasión, al compartir, al crecimiento juntos, el amor fraterno. Como decía Santa Madre Teresa de Calcuta “veo en cada persona el rostro de Dios”. En cada uno de nosotros está Dios, toda una responsabilidad pero también una Gracia el regalo de la vida.
Belén Rodríguez
