Opinión

¿Y si ponemos en común todo lo bueno que nos une?

Los días pasan volando. En un abrir y cerrar de ojos nos metimos ya en la 3º semana de Pascua. Tengo la sensación de haber enviado hace un momento el texto para la Llama de semana santa, a la vez que me vienen a la mente textos (sin desperdicio alguno) que he ido leyendo de mano de mis compañeros con referencia a la Pascua, invitándonos a reflexionar sobre el ¿y ahora qué? En estos mismos días he seguido los últimos días de Ramadán a través de amigos musulmanes y su alegría al celebrar el Eid al-Far. Y más de una alegría me he llevado al ver fotos de encuentros entre católicos y musulmanes para felicitarse por partida doble: la Pascua y el final del Ramadán.

En este sentido, he intentado reflexionar un poco con “mis adolescentes” sobre la convivencia con personas de diferentes religiones y también de diferentes ritos católicos. Esto lo hacíamos destacando lo interesante y rico que es que católicos y musulmanes hayamos celebrado nuestras “fechas más grandes” en la misma época. Los invitaba a compartir todo lo bueno que nos une en vez de centrar nuestra atención en aquellas cosas que nos diferencian, y que, cuando no lo hacemos bien, lo que hacen es separarnos. Poco a poco fuimos encontrando muchas cosas cotidianas, de nuestro día a día en el pueblo, que podían ilustrar todo lo bueno compartido.

En algún momento uno de ellos me preguntó si “las monjas” compartían (compartíamos) con personas de otras religiones o de otros ritos. En un primer momento, tengo que reconocer que la pregunta me molestó y lo primero que pasó por mi mente fue un “pero pepito que se ha creído”. Inmediatamente fui consciente de que no lo preguntaba con mala intención, sino desde un profundo desconocimiento. Y afortunadamente tenía una buena vivencia que compartirles.

Durante el tiempo que estuve en Camerún trabajando en nuestro hospital, tuve una muy enriquecedora experiencia sobre esto. Es innegable que es un hospital de confesión católica, gestionado por dominicas. El hospital está formado por un grupo de grandes profesionales que día a día hacen todo lo que está en sus manos para que nuestros pacientes recuperen su salud, por que tengan una buena atención e información. En definitiva, para que su experiencia sea la mejor posible. Nos centramos en el plano profesional, y sobre todo en el médico que normalmente es el más visible en un hospital. Pero, cuando escarbamos un poco, y realmente con un poquito es suficiente, y miramos más allá, podemos ver que este gran equipo está formado por católicos (hermanas y laicos) y musulmanes, también algunos protestantes. En este plano hay diversidad y riqueza, pero lo más importante, es que hay una misión muy clara: poner en común todo lo que nos une y lo mejor de cada persona para, entre todos, hacer grandes cosas por la salud de quienes acuden al hospital, pero también por nosotros mismos.

Esta experiencia, en su día a día, de verdad que fue muy rica. Especialmente me gustaba el inicio de la jornada, cuando todo el equipo nos encontrábamos en la sala para hacer una oración común, conocer el reporte de la guardia y dar los avisos oportunos. Es realmente especial que más de 100 personas cada día comiencen el día de trabajo con una pequeña oración, preparada cada vez por alguien distinto, y cada uno desde su propia vivencia religiosa, desde el respeto a la diversidad y el reconocimiento de la riqueza que esta diversidad nos aporta.

Así, compartiendo esta pequeña experiencia, los invitaba a buscar vías sencillas para ver la alegría de la Pascua, valorar todo lo bueno que podemos compartir con nuestros vecinos, compañeros de instituto o de trabajo, y pensar en oportunidades para crecer y, juntos, hacer cosas buenas.

Es esta línea de ¿y ahora qué? por la que esta Pascua me va llevando… ¡y yo me dejo!, pues estoy convencida de que si nos atrevemos a poner en común todo lo bueno que nos une, podemos dar pasos de gigante en la realización de la Pascua.  

Mónica Marco