Religión

Especial Semana Santa: Martes Santo. Uno de vosotros me va a entregar.

El Evangelio de hoy nos invita a una hacer una reflexión tan profunda como actual: uno de vosotros me va a entregar. San Juan nos ayuda a centrarnos hoy en este preludio de la negación y entrega de Jesús. Seguimos caminando hacia el triduo pascual. Cada día queda menos para iniciar junto con Jesús el camino del calvario y mi reflexión, cada vez con más fuerza, gira en torno a profundizar en cómo nos planteamos hoy este camino. ¿Cómo lo vivo? ¿Cómo vivir la conmemoración de algo que sucedió hace más de dos mil años y que de alguna forma me pilla un poco lejos? ¿Soy capaz de revivirlo? ¿Soy capaz – sobre todo – de actualizarlo a mi aquí y ahora? Todo lo que vivió Jesús en esta semana, ¿quedó ahí o lo veo en tantos Jesuses de hoy en día?

Siento si para alguno resulte fuerte, o quizá demasiado atrevido, el afirmar que en nuestras sociedades hoy en día seguimos teniendo muchos Jesuses a quienes, también nosotros sus amigos, traicionamos, condenamos y crucificamos. Tantas situaciones en las que nos decantamos por las 30 monedas de Judas, o por lavarnos las manos como Pilato. Pero estoy convencida de que – aunque resulte demasiado fuerte – es una reflexión en la que nos urge profundizar y sobre todo ante la que debemos actuar, aunque nos cueste.

Hoy seguimos forzando a tantas mujeres y hombres a recorrer el camino del calvario hacia un Gólgota particular, donde los mandamos crucificar, y sí, incluso lo que nos pensamos más “buenos” seguimos huyendo como los discípulos y abandonándolos ahí en la cruz. Imagino que los motivos serán variopintos, y entre ellos los habrá incluso de miedo o cobardía. Quizá no los estemos condenando a una cruz física, pero sin duda alguna, no solo no hemos abandonado esta práctica, sino que la hemos recrudecido.

Nuestros crucificados hoy siguen siendo las víctimas de abusos, del terrorismo, de secuestro, de la violencia, de las guerras, de la falta de acceso a oportunidades, de la falta de acceso a la educación o a la sanidad, de la violencia de género, de la explotación infantil, del expolio mineral, de las situaciones indignas. Crucificamos a todas las personas que son silenciadas por tener una opinión distinta, por ser una minoría étnica, por defender los derechos humanos o por intentar ser altavoz de quienes hemos dejado sin voz. Las situaciones de calvario y crucifixión por las que pasan tantos de nuestros hermanos podría seguir y seguir y seguir. Tantas personas que siguen recorriendo el camino del calvario, a quienes crucificamos y abandonamos. Situaciones ante las cuales nos es más cómodo mirar para otro lado o quedarnos en un “uf, pobre” tan superficial como vergonzoso.

En todas estas situaciones de sufrimiento, de cruz y de muerte encontramos un mismo patrón de fondo: la entrega del vulnerable para “gloria y exaltación” de quien ostenta una situación de poder. Con esto no busco dar una visión exclusivamente pesimista y fatalista del mundo, de la vida y de nuestra sociedad. Solo aportar un granito de arena en esta dura tarea de visibilizar, siempre con la esperanza de la resurrección. Una resurrección que esperamos esperanzados, en donde la vida triunfará sobre la muerte, la felicidad sobre la violencia, las relaciones fraternas sobre las verticales de poder. En definitiva, la esperanza en la resurrección y el bien.

Ojalá que esta semana santa nos permitamos hacer una reflexión en clave verdaderamente cristiana sobre el sentido de estos días, sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús y sobre las situaciones a las que seguimos entregando a tantos Jesuses de nuestro mundo. ¿Necesitamos a tantos crucificados hoy? ¿Hasta cuándo seguiremos entregando a nuestros hermanos?

Mónica Marco