Opinión

 (SIN) SENTIDO DEL SUFRIMIENTO I: LA PREGUNTA

“El sufrimiento profundo y puro nos aparece como una gracia, en comparación del entumecimiento que nos impide sentir nada” estas palabras de Edith Stein en La ciencia de la cruz, nos invitan a una reflexión pausada y serena en tiempos de catástrofes, de globos espías, de noticias cruzadas acerca de conflictos sociales, de debates interminables sobre  leyes y reformas de leyes, que no parecen atender al  verdadero sufrimiento de las personas, eutanasia, aborto, violencia de género, etc. Un sinfín de cuestiones que se enzarzan sobre la vida y la muerte, sobre el daño y el castigo, una especie de alarde retórico o jurídico recurrente, altisonante, mas  nunca  el silencio de la herida o el consuelo  del perdón.

Pero volvamos al inicio de la reflexión. En mayor o menor medida el sufrimiento forma parte de la vida, de toda vida, las criaturas vivientes sufren, aunque no se hagan cuestión de ello. Cada criatura que nace tiene su porción de daño o dolor en el mundo. Sucede como si los humanos nos creyéramos indemnes,  cuando nos golpea la desgracia, somos sacudidos por una especie de rebeldía no exenta de soberbia: ¿por qué a mí?, que podríamos muy bien revertir en compasión y acción de gracias: ¿por qué yo no?, ¿qué podría hacer o dejar de hacer para asumir mi porción de dolor en el mundo?. Es quizá la ternura de los santos, es misericordia casi divina, es más que mera solidaridad.

Desde la pantalla de la televisión ciertas imágenes nos impactan, (mientras reflexionaba esto llegan las del terremoto de Turquía y Siria…) Pero ni siquiera esto nos despierta verdaderamente del sopor en el que vivimos, porque con tantas plataformas que imaginan extravagancias y desgracias,  fantaseando sobre el mal, las imágenes reales pasan por la epidermis de nuestro cerebro, no enganchan las neuronas, apenas tocan tangencialmente  nuestro corazón.  Por un momento la pandemia pudo ser un punto de inflexión, parecía que nos hacíamos cargo, pero no tanto. Seguimos anestesiados.

La frase que encabeza estas líneas la escribió una mujer judía, Edith Stein, sacrificada como tantos en los campos de concentración, bajo el genocidio nazi,  experiencia crítica en la vieja Europa que hizo  desenterrar la teodicea:  ¿dónde estaba Dios? pero no sólo, sino también la preguntar por el hombre (Si esto es un hombre, Primo Levi)

Otro testigo de aquella destrucción inenarrable fue  el médico austríaco Viktor Frankl, perdió a su familia y casi todos sus papeles en el campo, pero sobrevivió y más  tarde escribió El hombre doliente y El hombre en busca de sentido. Justamente con el fin de armonizar todo lo vivido y ayudar a sus pacientes a soportar y superar las experiencias del mal, el vacío y el dolor. Tanto una como otro viven el sinsentido, el absurdo, “el mal radical” (como diría Kant),  pero desde  el mismo corazón de la herida tratan de abrir  una luz en la noche epocal que afirme el valor de la existencia, el compromiso, el sentido del deber, la compasión y la voluntad esforzada por seguir apuntalando el alma en medio del caos.

Contemporánea de estos, aunque murió  mucho más joven, es la filósofa Simone Weil, ella  no estuvo en los campos, sino en la resistencia francesa desde Londres. Ella, sin ser tocada en su cuerpo por los sufrimientos que acaecieron a los otros, vivió, sin embargo, desde muy joven la experiencia de la humillación  y el desprecio, asumiendo, primero junto a los campesinos del sur de Francia, y luego con los obreros de la fábrica, ese modo compasivo de asumir y compartir  “le malheur” de los desheredados y pisoteados por las culturas dominantes. Ella se puso  del lado oscuro, junto a la sombra oblicua de la cruz, en un ser nadie, para entender que “la desgracia extrema que acomete a los seres humanos no crea la miseria humana, sólo la pone de manifiesto”.

De modo que siendo todos y cada uno tal vez juez y parte, no queda sino ponerse del lado de la pobreza,  que para ella, como para  Dostoievski, ¡oh epifanía de dolor!, es el lugar mismo de la belleza pura y desnuda, porque solo la belleza salvará el mundo.

Sagrario Rollán