Tender la mano
Este pasado domingo la Iglesia celebraba la Jornada Mundial de los Pobres. Día establecido por el Papa Francisco en el 2016 para concienciar sobre la pobreza y las personas marginadas por la sociedad.
“No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído”.
Me encantó esta reflexión del Papa. Es fácil hoy en día que nos sumemos a las causas sociales, ya que gracias a las tecnologías podemos conocer todo lo que ocurre en el mundo. Con un simple gesto de nuestro teléfono móvil podemos mostrar con frases, imágenes o acciones puntuales cómo nos afectan las injusticias pero, ¿realmente hay una “lucha” en nuestro día a día? Estamos en una sociedad de lo más reivindicativa, pero parece que en ocasiones es para “ponernos alguna medalla”, sumar likes o para poner el check de que “ya hemos hecho algo”. Estas ideas están bien para expresar nuestras opiniones pero a veces se queda en lo superficial, en dar una imagen de solidarios que contrasta con una sociedad cada vez más individualista e intolerantes a las opiniones diferentes. Con lo cual todo se queda en la imagen y no se lucha desde lo profundo a un cambio real.
Solo como dice el Papa “con una atención sincera y generosa que permite acercarme a un pobre …” podremos conocer la pobreza material y espiritual de cada hermano que nos encontremos. Acercarnos a la realidad del otro y “tender la mano” es lo que provocará que algo se mueva en nosotros. El ser conscientes que somos hermanos, ver las necesidades desde la compasión, nos despertará y dejaremos a un lado nuestros egoísmos para ponernos a la acción por la justicia. Solo juntos podemos hacer cambios que nos lleven a una sociedad humana.
“Enseñar que no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz”. Papa Francisco.
He conocido a gente que podríamos llamar pobre materialmente, pero que tenían tal riqueza espiritual que eran todo un ejemplo de lo que era la confianza plena en Dios. Por un lado se me creaba la dicotomía de que “no era justo” que vivieran sobreviviendo, a riesgo de que cualquier enfermedad se los llevara y unas condiciones de vida que ni lo básico tenían. Sentía la impotencia de que “nadie los veía”, como si no fueran “dignos” de la vida que tenemos muchos. Pero por otra parte ver como ponían a Dios en el centro de sus vidas, les daba Esperanza y les permitía seguir, muchos de ellos con agradecimiento. Descubría que en ese camino de la lucha por la justicia donde todos podamos tener una vida digna y poner a Dios siempre en el medio con una vida sencilla es lo que nos hace felices.
“El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices”. Papa Francisco.
Belén Rodríguez
