Religión

Anunciar el Evangelio con las familias de hoy. Por Luis Roberto Aguilar, OP

El pasado 19 de marzo se cumplieron 10 años de la publicación de la exhortación apostólica Amoris laetitia (La alegría del amor, en adelante AL). Para conmemorar este aniversario, el papa León XIV ha convocado a un Encuentro que se llevará a cabo del 7 al 14 de octubre de este año, al que están invitados los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, los jerarcas de las iglesias orientales y varias familias, y que se realizará con la metodología sinodal. En este contexto conviene recordar algunos aportes de AL en el campo de la pastoral del matrimonio y la familia.

Tal como había sucedido anteriormente con la Humanae vitae (Pablo VI, 1968) y Familiaris consortio (Juan Pablo II,1981), tanto los sínodos de 2014 y 2015, como la publicación de AL estuvieron rodeados de elevadas expectativas, intensos debates y agrias controversias. La distancia que comenzó a abrirse en la década de 1960 entre las enseñanzas del magisterio eclesial y la vida cotidiana de la gran mayoría de las parejas católicas en materia de sexualidad y reproducción, y que Juan Pablo II vio ampliarse en los años ochenta, aparecía ya, en la segunda década del siglo XXI, como una fractura difícilmente salvable. Por eso, la invitación del papa Francisco a «hablar con parresía y escuchar con humildad»¹ suscitó, en algunos sectores, la esperanza de transformaciones consideradas necesarias y urgentes; en otros, por el contrario, despertó el temor de una eventual ruptura con la tradición multisecular de la Iglesia. 

Aunque AL tiene una gran riqueza doctrinal, su mayor aporte es la forma de presentar las enseñanzas y la novedosa perspectiva pastoral, que se enfoca en la acogida misericordiosa de quienes no logran cumplir el ideal del magisterio. Su modo de aproximarse a estas situaciones abrió la posibilidad de nuevas formas de atención pastoral, sin renunciar por ello a la fidelidad a Jesucristo y a su enseñanza. Por eso, en la misa de apertura del sínodo, pidió a los participantes que, al discernir la misión de la Iglesia en el campo del matrimonio y la familia, se mantuvieran «fieles al Maestro y a la verdad» al mismo tiempo que les recordaba que la Iglesia debe ser «buen samaritano de una humanidad herida», insistiendo en que hay que «buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia»². En pocas palabras, podríamos decir que la propuesta de Francisco en AL es mantener las enseñanzas de la Iglesia y, al mismo tiempo, buscar nuevas formas de aplicarlas misericordiosamente en la pastoral.

Desde ahí se comprende mejor la siguiente afirmación: «a los pastores compete no solo la promoción del matrimonio cristiano, sino también el discernimiento pastoral de las situaciones de tantas personas que no viven esta realidad» (AL 293) porque todas esas personas «forman parte de la Iglesia y necesitan una atención pastoral misericordiosa y alentadora» (AL 293). En mi opinión, el corazón de AL y su principal aporte, es que se fundamenta en la lógica de la misericordia: «Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar o integrar (…) El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración» (AL 296). Pero, lamentablemente, todavía quedan muchos católicos que «en lugar de ofrecer la fuerza sanadora de la gracia y la luz del evangelio, quieren adoctrinarlo y convertirlo en piedras muertas para lanzarlas contra los demás» (AL 37). 

Desde el principio de la exhortación, el papa ya había planteado la necesidad de integrar fidelidad doctrinal y flexibilidad pastoral y se mantiene fiel a este principio a lo largo de todo el documento. Como era de esperarse, esta postura, que despertó la esperanza en miles de personas viviendo en vínculos afectivos diferentes al matrimonio sacramental, también desató fuertes críticas entre los detractores del pontificado de Francisco, entre las cuales destacan las famosas dubia (dudas) planteadas por cuatro cardenales³. Pero más allá de la polémica provocada por ésta y otras reacciones adversas, AL verdaderamente ofreció, y sigue ofreciendo hoy, enormes posibilidades de renovación y desarrollo pastoral en el campo del matrimonio y la familia.

Fray Luis Roberto Aguilar, OP


¹Francisco, «Saludo a los Padres Sinodales durante la I Congregación general de la III Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos (6 de octubre de 2014)»

²Para leer la homilía completa ver «Santa Misa de apertura de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (4 de octubre de 2015)»

³En septiembre de 2016, los cardenales de línea conservadora Raymond Burke (USA), Carlo Cafarra (Italia), Walter Brandmüller (Alemania) y Joachim Meisner (Alemania) enviaron al papa una carta privada planteándole 5 preguntas (las dubia) para las cuales esperaban una respuesta de sí o no que disipara cualquier ambigüedad doctrinal. Al no recibir respuesta del papa, el 15 de noviembre de ese mismo año, decidieron hacer pública su carta y para ello escogieron una serie de periodistas, portales de noticias y blogs de su misma línea, que publicaron, en inglés, italiano y español, no solo la carta de los cardenales sino también otros documentos adicionales. El choque mediático fue enorme y constituyó uno de los momentos de mayor tensión teológica en el pontificado de Francisco. Los documentos hechos públicos por los cardenales se pueden consultar en «“Dudas no resueltas de Amoris laetitia – Una apelación” | FSSPX Actualidad», 23 de septiembre de 2017