Que bien sé yo la fonte…
Me ocurre con cierta frecuencia, al explicar el lugar del nacimiento de santo Domingo de Guzmán, en la actual cripta de nuestra Iglesia, que, al ver el brocal del famoso «pocito» la gente me pregunta: ¿Y cómo nació en un pozo?
Entonces tengo que remontarme a 1234, cuando fue canonizado, y su hermano Manés, regresó a Caleruega para promover entre el pueblo la construcción de una pequeña ermita en su honor. Ya se encargaría Dios de hacerla más grande, si le era grato. ¿Dónde? Pues en la antigua casa de sus padres, Félix y Juana. Justo en el lugar donde su madre había dado a luz a su hermano –y suponemos que a él también−. Y no, no le parió en un pozo. Sino en un dormitorio de la casa solariega de los Guzmán-Aza. En ese lugar, Manés y aquellos vecinos que le habían conocido en vida, colocaron una placa en el suelo con una inscripción: «Aquí nació santo Domingo». Levantaron cuatro humildes paredes y edificaron la ermita de santo Domingo que el rey Alfonso X, el sabio, entregó en propiedad a las monjas cuando edificó nuestro Monasterio en 1266.
Durante años, y siglos, la gente devota peregrinaba a este lugar con la necesidad de pedir gracias por la intercesión del santo y con el deseo de poder llevarse alguna reliquia. Pero no había nada. Su cuerpo estaba en Bolonia y a nadie se le ocurrió guardar la ropa de su infancia, su pluma o el vaso en el que solía beber. Como cualquiera de nosotros podríamos haber hecho, los peregrinos comenzaron a llevarse tierra de alrededor de la placa de mármol. Puñados y carretas de tierra. De tierra que consideraban santa por ser lugar en el que nació un santo. Llegó a ser tal cantidad que el suelo se hundió y se excavó hacia abajo una habitación para seguir extrayendo y cuyas llaves custodiaban las monjas. No fue hasta el primer tercio del siglo XVII que descubrieron que en aquel lugar manaba un manantial. Se hicieron los trabajos correspondientes: se terminó de quitar tierra y se construyó el brocal del pocito de santo Domingo.
Estos últimos días de septiembre hemos tenido los ejercicios espirituales que cada año vivimos en comunidad. En algún momento de la predicación surgió la alegoría del alma como pozo, y del trabajo de excavación y desenlodar como símbolo de la vida espiritual. «Mi alma es como un pozo que contiene agua pura del cielo mezclada con fango», escribió mi querida Catalina a su confesor.
Siempre me ha atraído especialmente esta imagen tan gráfica y tan esperanzadora. Porque el manantial está vivo y habitando nuestro ser, por la gracia del Bautismo. Otra cosa es si seguimos conformándonos con el fango que ha cegado la fuente o si, por el contrario, nos atrevemos a excavar, remover, desenterrar y desenlodar tanto como la vida, el aprendizaje, los miedos, la comodidad y la mundanidad han ido añadiendo y cubriendo. Pero el surtidor que salta hasta la Vida Eterna está ahí. Está aquí. Está en mí. Nuestro esfuerzo, nuestras virtudes, nuestra labor, no es construirlo ni merecerlo ni recibirlo. Tan solo desenterrarlo y saciarnos de él. Escavar
Parte del caudal del famoso pocito de santo Domingo se desvió hacia nuestra huerta cuando, en la segunda mitad del siglo XX, se rebajó el nivel del agua para la construcción de la actual Cripta. En nuestro jardín hay otro brocal que suena día y noche. Con más o menos fuerza, el agua cae y se escucha su sonido. Hay un gran nogal que da sombra a varios bancos en los que podemos sentarnos, justo enfrente de una pequeña gruta de la Virgen del Rosario y santo Domingo. Es mi lugar favorito del Monasterio. A veces se oye el canto de los pájaros, el mecerse de las hojas y la risa de los niños jugando al otro lado de la tapia sorprendidos por el repique de nuestras campanas. A veces, en los días más fríos del invierno no se oye nada de todo eso. Y la niebla oculta prácticamente cualquier silueta: no se ve la gruta, no se ve el nogal, no se ve el brocal del pozo. Pero no importa. Se sigue escuchando el caer del agua y eso indica que hay Vida, aunque sea de noche:
Que bien sé yo la fonte que mana y corre
aunque es de noche.
Aquella eterna fonte está ascondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.
Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beban della,
aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz della es venida,
aunque es de noche.
Sé ser tan caudalosas sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan, y las gentes,
aunque es de noche.
El corriente que nace desta fuente
bien sé que es tan capaz y tan potente,
aunque es de noche.
El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
Aquesta eterna fuente está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas
porque desta agua se harten aunque a oscuras,
porque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.
San Juan de la Cruz
Sor Teresa Cadarso, OP
