El Papa toca las heridas de los migrantes y nos interpela
Especial Visita del Papa León a España
Por primera vez en la historia, un Papa aterriza en Canarias; León XIV se inclina y descalza ante la Tierra Sagrada de los migrantes, para alzar la mirada y abrir una ventana al mundo y preguntarnos ¿qué queda de nuestra humanidad?
Una cruz hecha con resto de los cayucos que llegan a Canarias es bendecida por el Papa León; barcas que portan vidas llenas de sueños, vidas sufrientes por su dignidad violada en el camino y que hoy hemos podido escuchar en primera persona: víctimas de trata, duelos, heridas abiertas, fronteras, maltratos, discriminación… Cruces amargas que se ven obligados a cargar por falta de fraternidad.
Detrás de cada cifra hay un rostro, con un nombre, con una familia (padre, madre, hermanos, hijos e hijas, abuelos, abuelas…), unos amigos, un hermano nuestro en el que ojalá seamos capaces de descubrir a Dios. Como hacemos ante la muerte de nuestros familiares, el Papa se unía en oración a Dios por todos los migrantes ahogados en el mar junto con una ofrenda floral. Padre, abrázales con tu Amor, consuela a todos los que les querían y sienten su ausencia, y ayúdanos a todos a ser más humanos y fraternos.
«¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida y vida en abundancia?»
Vamos todos en el mismo barco, «no nos acostumbremos a contar muertos», no seamos indiferentes ante la realidad doliente de los migrantes, su dolor es también nuestro dolor. Hoy nos decía su santidad que «el mar no puede convertirse en un cementerio sin lápidas. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido». ¿Qué podemos hacer? Escuchemos su clamor, no pasemos de largo, ayudemos a curar sus heridas, acompañemos, protejamos, acojamos, promovamos e integremos; luchemos por la justicia y no pongamos límites al Amor.
El muelle de la vergüenza quiere convertirse hoy en el muelle de la esperanza. La compasión y «la misericordia concreta, puede salvar y cambiar vidas», nos recordaba Robert Prevost. La Iglesia tiende la mano a muchos migrantes cuando más lo necesitan. Así, María, una voluntaria de Cáritas, nos recordaba que una sonrisa, una mirada amable, o simplemente estar, puede hacer que aquél que viene a nuestro encuentro, se sienta acogido y tenga esperanza, el Evangelio se hace vida, cuando construimos fraternidad. ¿Estamos dispuestos?
Belén Sánchez

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