¿Una encíclica «roja»?
La tarde del día que el papa León XIV presentó su encíclica Magnifica Humanitas, una amiga me escribió un whatsapp en el que ponía: «Conociéndote seguro que ya te has empollado la encíclica del Papa». Pero la realidad era que no, y todavía hoy no lo he hecho. Tan solo he podido realizar una lectura muy superficial de las notas a pie de página y de algún número concreto. Sin embargo, ese vistazo rápido me ha bastado para vislumbrar que nos encontramos ante un texto magisterial que ha de estudiarse con detenimiento, paciencia y seriedad. Un texto que no es para ir leyendo en un tren ni estando tumbados bajo la sombrilla en la playa, por ejemplo, sino que requiere, a mi juicio, el rigor de una buena mesa de escritorio, papel, lápiz, y la firme intención de subrayar y anotar todo lo que el papa León nos quiere transmitir en un documento de esta trascendencia. Yo no sé si esta encíclica hará historia, al igual que ignoro si llegará a alcanzar la enorme repercusión que en su día tuvo la Rerum novarum de León XIII. Pero sí me atrevo a asegurar que esta encíclica nace con la clara finalidad de zarandear conciencias y hacer pensar a todo aquel que decida acercarse a ella con la honestidad que merece.
Lo que sí me ha llamado poderosamente la atención es la pasmosa velocidad con la que algunos han corrido a ponerle un color concreto a este documento pontificio. Sí, en cierto lugar —sé perfectamente dónde, pero prefiero no decirlo— he leído un titular que afirmaba algo así como que estamos ante «la encíclica más roja de la historia de la Iglesia». Según parece, la defensa explícita de la dignidad de la persona frente a la deshumanización algorítmica y el aviso profético de que la tecnología no es éticamente neutral en la época que estamos viviendo han sido motivos suficientes para que a más de uno el semáforo ideológico se le quede bloqueado en el color de arriba. Y no sé yo si es que sufren de amnesia o si directamente prefieren ignorar que, lejos de cualquier proclama partidista o eslogan de trinchera, lo que hace León XIV en estas páginas es rescatar y poner en valor la grandeza del humanismo cristiano. Sí, porque me parece a mí que el Papa quiere recordarnos, una vez más, desde el pensamiento cristiano, que no todo lo posible es legítimo ni todo lo legítimo es conveniente.
Estaría muy bien estudiar con detenimiento este texto y dejarse sorprender por todo lo que contiene. Y es que quien se apresura a poner color a Magnifica Humanitas deja en evidencia dos realidades preocupantes. Por un lado, demuestra haber hecho una lectura asfixiada por la prisa y el prejuicio, desvirtuando un mensaje que brota directamente de la verdad del Evangelio y de lo genuinamente humano. Por otro —y no sé si esto es aún más grave—, evidencia cómo se puede caer, de forma consciente o inconsciente, en las garras de esa sutil esclavitud contemporánea que son las ideologías. Son precisamente estos rígidos esquemas mentales los que consiguen la triste proeza de encasillar la inabarcable riqueza de la fe en un simple y plano eje partidista, privando al ser humano de aquello que verdaderamente lo constituye como tal: la libertad que Dios le ha otorgado para que jamás renuncie a ser lo que es.
Fr. Ángel Fariña, OP

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