La vida es misión
60 años de Misioneros Dominicos Selvas Amazónicas
Hace sesenta años comenzó este camino. En 1966, de la mano de fray Francisco Arias González, nació Misioneros Dominicos Selvas Amazónicas para apoyar la labor de los frailes que acompañaban a los pueblos indígenas de la selva amazónica peruana. Con el tiempo, esta misión fue creciendo y extendiéndose también a los Vicariatos y Casas de la Provincia de Hispania en Cuba, Guinea Ecuatorial, Paraguay, República Dominicana y Uruguay.
A lo largo de estos sesenta años, Misioneros Dominicos Selvas Amazónicas ha querido ser un puente de unión, fraternidad y cuidado entre comunidades, personas y realidades diversas, sosteniendo una misión compartida. En este camino, la historia de la entidad y la vida de tantas personas nos han ido mostrando que: la vida es misión.
Quizá durante mucho tiempo se ha entendido la misión como algo reservado para unos pocos, para vidas extraordinarias o para momentos concretos. Sin embargo, la experiencia cristiana y la espiritualidad dominicana nos recuerdan algo mucho más cercano: la misión es una manera de vivir. Los cristianos somos misioneros desde el bautismo, desde ese pequeño gesto del agua derramada se nos invita a hacer presente a Dios en el mundo.
Los misioneros dominicos han mostrado esta forma de estar con sus propias vidas. Se pusieron en camino, dejaron seguridades y aprendieron a vivir en lo desconocido, confiando en Dios y abiertos a otras culturas, maneras de pensar y formas distintas de encontrarse con Él. En medio de la diversidad descubrieron un lenguaje común: el amor. Ese mismo espíritu continúa hoy en las comunidades acompañadas por los frailes dominicos en distintos lugares del mundo, atentos a las personas, a sus dificultades y necesidades, desde una presencia cercana y una palabra que da esperanza.
Pero la misión no sucede únicamente en lugares lejanos. También se expresa desde aquí en la vida cotidiana: en nuestras relaciones, en el trabajo, en el cuidado de los demás, en la justicia que defendemos, en la oración y en el compromiso compartido. A lo largo de estos sesenta años, muchas personas han comprendido que la vida es misión: algunas desde la entrega directa en las comunidades; otras sosteniendo desde la oración, el acompañamiento, la ayuda y el servicio discreto, haciendo de su vida un espacio abierto para Dios y para los demás.
Como nos recuerda Fr. Felicísimo Martínez, «la vida y la misión no pueden separarse. La misión no es algo añadido ni reservado a momentos concretos, sino una manera de vivir que atraviesa la existencia y nos invita a ponernos al servicio de los demás». Una idea que también el Papa Francisco destacó al afirmar que «la misión no consiste en acciones aisladas, sino en una vida hecha servicio, amor y testimonio».
Y quizá eso es lo que celebramos en este aniversario, no solo sesenta años de historia, sino una manera de caminar juntos, de sostener la esperanza y de seguir creyendo que un mundo más justo y fraterno es posible. Porque, cuando vivimos siendo conscientes de ello, comprendemos algo esencial: la vida es misión.
En este tiempo de aniversario hemos preparado distintas actividades para celebrarlo juntos. La primera será un encuentro en el espacio O_Lumen este jueves 28, con el que queremos dar comienzo a esta celebración de los sesenta años de misión compartida. Estáis invitados.
Belén Rodríguez
