¿Puedo subir a tu barca?
En la vigilia de oración del Congreso de Vocaciones ¿para quién soy?, presentaban a Jesús preguntando a Pedro ¿puedo subir en tu barca? Y esa misma pregunta me hacía a mí misma… ¿dejo a Jesús subir a mi barca, para remar juntos a contracorriente y así buscar juntos otro mar?. Y tú… ¿dejas a Jesús subir a tu barca?
La ambientación ayudaba a profundizar, el timón en el ambón de la Palabra, esa Palabra que puede guiar nuestro horizonte, el ancla en el altar que representa a Jesús y de fondo esa barca en la que vamos todos y una red deseando ser cogida para pescar, porque esta Iglesia o es misionera o no existirá. Fijos los ojos en Jesús, en su Palabra y con la comunidad, sólo podemos confiar y descubrir aquello que Dios ha soñado para nuestra vida, para ser felices y vivir en plenitud.
En este mundo falto de preguntas, nos cuesta dejarnos sorprender por el Dios que nos llama y hace nuevas todas las cosas. Es importante releer la vida y ver las huellas de Dios en ella, esos momentos en los que ardía nuestro corazón. Tenemos que arriesgar y apostar por lo que amamos.
Es importante aceptar nuestros límites y heridas, Dios nos hace fuertes en nuestra debilidad, nos llama a la misión, a ser piedras vivas dando gratis lo que hemos recibido gratis y nos envía a perseguir la necesidad del hermano y encontrar a Jesús en el abrazo de aquel al que nos envía. Sabiendo que el importante no soy yo, sino Jesús y su Iglesia.
El Amor no puede reducirse a lo básico e indispensable, hay que dar el máximo siempre. Para amar y sentirnos amados por Dios, tenemos que dedicar tiempo a la oración. Y luego, ser personas – cántaro, donde la gente pueda saciar la sed, o ayudarles a cargar con la cruz.
El Señor arde de Amor por todos. Somos una misión y la vocación nos llama a la comunión, a vivir junto a Jesús y con Jesús, a llevar al mundo el fuego que quiso traer a la Tierra. ¿Te sumas a predicar?
Rema mar adentro, a lo profundo de ti mismo, a lo ancho, al encuentro de los hermanos en especial de los más vulnerables y a lo alto, hacia Dios.
Belén Sánchez
