La Iglesia hoy, ¿signo visible de Jesús? Por Alejandro García.
La respuesta a esta pregunta no tiene fácil respuesta. El cometido y/o el sentido de la Iglesia es ser el reflejo de la presencia de Jesús-Cristo entre nosotres*. Para ello, la teología ha estudiado, entre otras cosas, la figura de Jesús de Nazaret con la intención de entender el sentido más profundo de sus gestos, de su manera de sentir, de obrar… Y en esas estamos.
Sinceramente, me importa bien poco saber si Jesús era exactamente como cuentan las Escrituras, si verdaderamente hizo lo que dicen que hizo, si era más o menos simpático o si tuvo pareja o hermanos. No necesito estudios teológicos, históricos ni sociológicos para saber lo que, como Iglesia, debemos hacer. Esto no es una renuncia al estudio ni al saber, sino una provocación que me ayuda a escribir. Pero insisto, cualquier persona cuerda, despierta y crítica, sabe perfectamente cómo podemos rememorar la figura de Jesús, sin ni siquiera tener que ser creyente necesariamente.
Parto de la base de que la política es necesaria e inevitable. Somos agentes políticos en la medida que participamos en la sociedad. Así pues, la Iglesia también está impregnada de política igual que lo estaba Jesús en su tiempo. Pero, al igual que Jesús, la Iglesia debe posicionarse en un plano profundo y reflexivo frente a la política. No puede dejarse llevar por la superficialidad ni los posicionamientos demagógicos partidistas y polarizados. Y debe tener siempre el foco puesto en las vulnerabilidades (como hacía el Nazareno). Y esto no es discutible.
Por ello, para que la Iglesia sea verdaderamente ese signo visible de la presencia de Jesús-Dios-Espíritu entre nosotros debe estar abierta y en disposición de acogida a los desamparados. Y, al mismo tiempo, también tiene que estar en lucha contra las injusticias que vulneran la dignidad humana. ¿Cómo? Digo varias y termino:
- Acoger a todas las identidades sexuales y de género, entendiendo su vulnerabilidad frente a una sociedad y unas políticas que cuestionan la diferencia y la manera de amar.
- Acoger a todas las mujeres, entendiendo su vulnerabilidad frente a una sociedad y política machista y patriarcal que todavía se atreve a cuestionar el feminismo y la desigualdad entre hombres y mujeres.
- Condenar todo comportamiento fascista (xenófobo, homófobo o tránsfobo entre otros) tanto en la sociedad como en las políticas institucionales.
- Luchar contra las políticas económicas que vulneran los derechos humanos: la libre circulación, la vivienda digna, el trabajo, etc.
- Cuestionar a los grandes medios de comunicación que condicionan el pensamiento colectivo y envilecen la convivencia, así como luchar por el derecho a la información y la veracidad a través de la contrainformación.
- Acoger a todos aquellos pobres de espíritu que violan, matan, manipulan y destruyen, entendiendo que la construcción de una persona es algo complejo que depende del contexto, de la educación y que nadie (ni siquiera ellos) merece la condena, la repudia y la sentencia despiadada.
No podemos andar con medias tintas, Jesús nos pide con sus actos que nos posicionemos y que, desde la reflexión y la ternura, actuemos frente a todo lo que nos aleja el Reino de Dios. Por eso Nos vuelvo a preguntar: La Iglesia hoy, ¿es signo visible de Jesús?
*Lo que no se nombra no existe. El lenguaje inclusivo es una manera más de hacer política.
Alejandro García Pascual
