Una vida resplandeciente
Marita es un miembro muy especial de nuestra comunidad parroquial. Se distingue sobre todo por su compromiso silencioso y su entrega en todo lo que hace, siempre desde el corazón. Conocer a Jesús le ha cambiado la vida y no duda en decirlo cada vez que puede. Como buena uruguaya, se bautizó de adulta, cuando ha madurado en ese encuentro. En estos días, también ha participado de la Misión de Verano, caminando bajo el sol varias mañanas y tardes, equilibrando los cuidados que un familiar enfermo requiere con los cuidados que la gente del barrio y sus soledades también requieren.
Uno de los últimos días de la misión, cuando se dirigía a la capilla, fue asaltada. Un muchacho muy joven la interceptó y se llevó su pequeña mochila, causándole bastante daño. Con desmayos incluidos y muchos moratones, fue a la policía y posteriormente a descansar a su casa. Cuando le preguntamos cómo está solamente le sale decirnos que Dios le ha cuidado y que solamente lamenta no ir a la misión, dejando entrever, desde la hondura que solo la sencillez es capaz de crear, una ligera tristeza, pero una gran paz y, sobre todo, alegría.
A todos nos ha dejado en una perplejidad de las buenas. Si a mí me hubiese pasado algo así, tal vez me demoraría en decir que estoy bien o que Dios tiene algo que ver con esto. La mirada de Marita, más centrada en los otros y en lo Otro, no le deja mucho espacio a lo que podría haber perdido o sufrido. Hace unos años descubrió que para Dios ella era “hija muy amada”, y como un rayo de luz en medio de la noche, todo se transfiguró. Desde ahí ya nada podía ser definitivamente terrible, todo tiene una vuelta más y, tal vez lo más importante, el amor se convirtió en aquello que vence a cualquier muerte.
Tal vez nos hace falta una mirada transfigurada: conquistada en las cuestas de la vida, dejándose asombrar por una luz gratuita y cálida cuando todo es cansancio, que descubre el amor ya no solo como un motivo entre otros sino como un horizonte amplio, que nos hace volver a la vida y a sus luchas de manera diferente… resplandeciente.
Cuando Marita fue recibida por la policía le preguntaron si llevaba algo de valor en su mochila, a lo que ella respondió con mucha fuerza: “¡Claro que sí! ¡Tenía todo lo de la misión!”. En concreto, se refería a la lista de personas interesadas en bautismos y datos para contactarlas, junto a alguna que otra hojita de oración utilizada por las mañanas antes de salir. Que esta cuaresma que peregrinamos nos ayude a mirar la vida transfiguradamente desde lo más valioso que tenemos: el amor que somos y damos.
fr. Ignacio Castro Ortega, OP
