La educación como acto de rebeldía
Hace unos días me pasó algo sorprendente mientras hacía cola en la puerta de embarque en el aeropuerto. Estaba yo muy concentrada en mis pensamientos cuando se me acercó un chico de mediana edad. Confieso que me enteré de que me hablaba a mí la segunda o tercera vez que repetía lo mismo. Según salía de mis pensamientos, me disculpé por no hacerle ni caso y le presenté atención. “Creo que esto es tuyo” me dijo según me enseñaba un billete de 20 euros que llevaba doblado en la mano. En un primer momento pensé que era una broma, pero me lo decía con tanta seriedad que le di una vuelta al pensamiento. ¡Era verdad! Antes de salir de casa me había guardado un billete de 20€ en el bolsillo. En algún momento, después de pasar seguridad en el aeropuerto, me había guardado el móvil en el mismo bolsillo del pantalón sin darme cuenta…. Y estaba claro que al sacar el móvil había tirado el billete. Ni idea de cuánto tiempo había pasado. Estaba agradecida y sorprendida por igual. En estos tiempos lo habitual (que no lo correcto) hubiera sido encontrar el billete y quedárselo, ¿no?
Este gesto me ha dado mucho que pensar, sobre todo sobre la educación. Esa educación de la que hablaban mis abuelos, la de las “buenas personas”, de la gente que es “recta y honesta”, la de quien “hace lo correcto porque es lo que hay que hacer”. Vamos, de esa educación que se aprende en casa, y que tristemente – al menos en algunos contextos en los que me muevo – ni lo han aprendido en casa, ni parece interesarles, y por supuesto tampoco parece estar de moda.
Fui hilando una cadena de pensamientos, trayendo a mi mente momentos bastante random que he vivido, visto o escuchado en las últimas semanas y me asusté bastante de lo desproporcionado de las situaciones. Me ha tocado vivir o escuchar un número muy elevado de situaciones mal educadas, denigrantes y violentas. Es verdad que ninguna de ellas dirigida a mí, pero que van siendo tan frecuentes que me asusta y preocupa que las estemos normalizando como si nada. Ya ni siquiera pienso en pequeños gestos como dejar el asiento en el metro o autobús a una persona mayor o a una mujer embarazada (con estas “minucias” voy ya desfasada).
Pienso en situaciones muy alarmantes como el escuchar muy de cerca una violenta voz masculina gritando repetidas veces “a que te meto un puñetazo” mientras amenazaba con el puño el rostro de una mujer; el escuchar a un grupo de jóvenes en una zona universitaria hacer un ranking de las chicas más feas de clase, mientras se mofaban y retaban mutuamente para decir un precio para acostarse con ellas; escuchar a otro grupo de jóvenes en el autobús referirse a un profesor con una serie de calificativos de los que solo me atrevo a escribir “el p… abuelo cebolleta de los c….” por haber evaluado “bajo” las prácticas. Los ejemplos no terminan aquí, pero creo que el punto queda claro. Más allá del impacto que estas situaciones causan, la segunda parte es…. ¿qué hago? ¿cuál es el mal menor? ¿digo algo? ¿me callo? A veces nos quedamos callados por intentar no agravar la situación, pero otras muchas veces lo hacemos por comodidad, por no meternos en líos…..
En este contexto, en el que la educación ni se ve ni se le espera…. De repente un gesto desinteresado de venir a buscarme a devolverme dinero que era mío me parece todo un acto de rebeldía. Estoy segura de que hay muchos otros y se que hay mucha gente buena y honesta por aquí y por allá, ¡mucha!. A veces, quizá, lo que me falta es que estos gestos fueran más recordados. Será que los desagradables y violentos se quedan más en nuestra memoria, nos impactan más (cosa que entiendo normal, ¿cómo no nos va a impactar?).
Me encantaría que fuéramos capaces de volver a poner de moda la educación, ese por favor y gracias, ese ceder el asiento, ese ceder el paso, … ese hablar bien, o al menos hablar sin destruir, criticando para construir, valorar a la persona, aunque no la conozcamos, valorar el esfuerzo del otro…. ¿soñadora? ¿utópica? ¿reivindicativa? Quizá un poco de todo. Pero ¿a que sería bonito? Ya lo decía Martin Luther King: “más temible que el grito de los malvados es el silencio de los buenos”. Esto da mucho para pensar… ¿y luego?… ¿me callo o me rebelo?
Mónica Marco, CSD
