Opinión

No siempre se ha hecho así

Hace poco me invitaron a compartir con un grupo de profesores algunas pinceladas de nuestro carisma dominicano, de la historia de Santo Domingo y de la Madre Teresa. El tema no puede gustarme más, y en un primer momento pensé que sería “tarea fácil” porque – afortunadamente – lo puedo contar desde lo vivido hasta ahora. Según lo preparaba, me di cuenta de que, precisamente por contarlo desde lo vivido, resultaba algo complicado poder extraer lo más importante y condensarlo en hora y media. ¡Hay tanto para compartir! Así que intenté evitar que este tiempo se convirtiera en una clase de historia de la Orden y de la Congregación, y opté por hacer este recorrido a través de una serie de cualidades, valores y características clave en nuestra historia, que fueron compartidos por Domingo y Teresa, y sobre todo que hoy siguen siendo de plena actualidad para todos los que seguimos sus pasos.

 Según preparaba, tomé conciencia, quizá de otra manera, de cuan larga podía resultar esta lista, y me alegré de ver con qué facilidad éstas coincidían entre los “dos protagonistas” de esta historia: escucha, empatía, compasión, vivencia de la realidad, sueños, libertad, estudio, sencillez, cercanía, amistad, humildad, predicación, visión, audacia…..

Todas siguen siendo hoy actuales, útiles y necesarias, pero, por algún motivo que no tengo muy claro, la libertad quedó fuertemente resonando en mi cabeza. Hoy ser verdaderamente libres no es un tema menor: en la sociedad del consumo, de tener – o querer tener – todo a un click, de la inmediatez, del usar y tirar, del pensamiento líquido, de la superficialidad, de….. la libertad real no es nada sencilla. Ahora si lo pienso en el siglo XIII de Domingo o a principios del XX de Teresa (¡mujer!) tampoco me parece que hayan sido contextos sencillos para la libertad.

¿Libertad en qué sentido? Libertad – respaldada por una profunda coherencia, visión, audacia, etc – no solo de soñar que otra manera de hacer las cosas es posible, sino de dar pasos para conseguirla; y esto pasa por romper con el clásico “es que siempre se ha hecho así”. Libre fue Domingo para entender que la “predicación” de su época no era coherente; libre para fundar una Orden distinta a lo que existía; libre para aceptar las decisiones de sus hermanos reunidos en capítulo; libre para ver, reaccionar y actuar de un modo distinto al de “siempre” pero que entendía más evangélico; libre para vivir junto y como sus contemporáneos.

Libre fue Teresa para entender que en el momento en el que le tocó vivir hacía falta renovarse (el beaterio, la manera de hacer las cosas….) o la alternativa era morir; libre para luchar por el regreso de los frailes a Granada; libre para que su comunidad tomara las riendas de su propia vida desligándose del equipo de patronos; libre para escuchar y vivir las necesidades de su época y dar pasos saliendo de sus comodidades y fronteras “de siempre” para dar respuesta a las necesidades de su momento.

Quienes venimos hoy detrás – seamos religiosos o laicos – tenemos un bonito legado a la vez que una gran responsabilidad en materia de libertad. Una libertad que no podemos dejar que cruce la frontera hacia el libertinaje. Se trata de una libertad que nos invita a cuestionarnos, a observar, a vivir en nuestro “aquí y ahora” particular, a ser hijos de nuestra cultura y de nuestro tiempo, pero con los ojos bien abiertos, a escuchar con el corazón los gritos de nuestro mundo y de nuestros hermanos, una libertad que nos exhorta a salir de nuestras comodidades y a buscar nuevas maneras de dar respuesta a los desafíos de nuestro mundo. Entiendo esta libertad como una fuerte invitación a eliminar de nuestro lenguaje la frase “siempre se ha hecho así” en la que nos escudamos cómoda y cobardemente esperando que sean otros quienes nos resuelvan “las papeletas”.

Creo que, a lo largo de la historia de nuestro carisma, tenemos innumerables maneras y ejemplos de personas visionarias y audaces, que, a su nivel, en su contexto y tiempo, han apostado por vivir, de verdad, con esta profunda libertad que nos caracteriza (o debería de hacerlo) desde tiempos de Domingo. También creo que, si queremos, veremos que a lo largo de nuestra historia el “siempre se ha hecho así” no encaja bien, no debería ser “lo nuestro”, porque…. ¡no!, no siempre se ha hecho así.

Mónica Marco, CSD