Religión

Cuerda Auxiliar

Decía Albert Einstein que “la mejor y más honda emoción que podemos experimentar es la sensación de lo místico: aquel al que tal emoción le sea extraña, aquel que no pueda ser arrastrado por la emoción ni arrebatado por el éxtasis, es hombre muerto”. Es la ‘mirada mística’ la que nos lleva a descubrir que en el universo todo está interconectado y que hay una realidad que es invisible a los ojos no entrenados, pero que lo sustenta todo y le da sentido: Dios.

Empezamos a vislumbrar la presencia de Dios en la vida y en nuestra vida, cuando caemos en la cuenta de que nuestra existencia finita y hambrienta de infinitud, oscila en una desproporción creciente ente la realidad y los anhelos, la herida y la plenitud, la dicha y el sufrimiento. Hay un dolor que no nos llega desde fuera, que no lo buscamos. Y aunque somos seres para la dicha plena, estamos tejidos de sufrimiento, de finitudes, de fracasos. Tiempo y soledad se abrazan en nuestro caminar, hambre de plenitud y la certeza del morir. No hay vida sin dolores de alumbramiento.

Decía Teilhard de Chardin que el dolor es una responsabilidad de crecimiento en el amor que abarca toda la dimensión de lo cósmico. Y J. Gerardi nos recordaba que el sufrimiento asumido es la garantía de autenticidad de los actos, de la experiencia de lo vivido, de la seriedad de la lucha. Paradoja del amor que indica que lo que no se ha sufrido, no se valora adecuadamente. En el dolor Dios nos sale al encuentro. Tiempo y dolor nos dejan cicatrices de una guerra nunca victoriosa. Pero el amor de Dios vence al tiempo. La emoción mística es la que nos hace vislumbrar que sólo el amor hace que la vida pueda ser gastada por algo. La ‘mirada mística’ nace de la sed de ser más allá del dolor y del tiempo. A veces siento que me puedo ahogar, si no me lanzas la cuerda auxiliar…

Vives en cajas de metal
Miras con los ojos del que no ha aprendido a odiar
Y en tu cicatriz un incondicional
Entro en tu palacio de cristal
Noto en mis entrañas tu presencia colosal
Quiero darte todo, pero siempre un poco más
Aunque te conformes con mi debilidad
Y siento que me puedo ahogar, si no me lanzas la cuerda auxiliar
Y dime si seré capaz de cruzar el mar que nos separa sin naufragar
Nunca he visto nada similar
Curas con tu sangre mi vacío existencial
Vienes a sacarme del ojo del huracán
Aunque yo te acuse de ser la tempestad
Y siento que me puedo ahogar, si no me lanzas la cuerda auxiliar
Y dime si seré capaz de cruzar el mar que nos separa sin naufragar
Y he encontrado morada en tus palabras y un hogar
Solo arrodillado frente un trozo de pan
Vengo a que me expliques la parábola en la cual
Me olvido de todo y me atrevo con tu plan
Y siento que me puedo ahogar, si no me lanzas la cuerda auxiliar
Y dime si seré capaz de cruzar el mar que nos separa sin naufragar.

Besmaya

Ricardo Aguadé, OP