Especial Semana Santa: Domingo de Ramos
Miremos a nuestro alrededor. Seamos capaces de contemplar la realidad que nos rodea, al estilo de Domingo de Guzmán. Una mirada que va más allá de lo que se percibe por los ojos, una mirada cargada de Verdad, de Ternura, de Compasión, de Humildad. Una mirada Compartida con otros y entre nosotros. ¿Seríamos capaces de ser objetivos, de ser voz de los que no tienen voz, de denunciar las injusticias, de proclamar lo que podríamos conseguir si pusiéramos en último lugar el «yo» y diéramos un verdadero valor al «nosotros»?
Somos parte de un todo. En ese conjunto tenemos diferentes funciones, porque estamos dotados de diferentes capacidades. Mostramos diferentes cualidades, hemos desarrollado diferentes habilidades y la suma de todo, es lo que nos da la riqueza como Seres Humanos. La diferencia es lo que nos hace importantes, porque damos aquello que es necesario para otros y que nosotros podemos aportar. Da igual quién sea el que lo dé, la importancia está en que con eso llegamos a dar valor a lo que une y así crear lo global. Lo compartido, lo enriquecedor de no sentirnos solos en este mundo cargado de individualismo y soledad, de una globalidad que no llega a ser verdad, porque estando colocadas las piezas del puzle, no se han encajado formando un bello paisaje.
La narración que se hace hoy en la Iglesia es la de la Pasión de Jesús, un relato que, aunque ya sabemos el desenlace, sigue haciéndonos reflexionar que alguien que no había hecho mal es condenado a muerte, que sus propios amigos lo traicionaron, lo negaron, se escondieron para que nos les pasara a ellos, que, en ese tiempo, sólo las mujeres aparecen a su lado ayudándolo en su camino a la cruz, que un ladrón lo reconoce y el otro sigue pensando que si él está allí es porque algún mal habrá hecho, que los poderosos se reían y burlaban de él, solo unos pocos hicieron lo posible para que descansara en paz.
Si la volvemos a escuchar desde el corazón seríamos capaces de poner nombres a ese Jesús, a esas realidades que él vivió en ese momento y que dos mil años después siguen siendo tan actuales, que sigue habiendo traición, falta de honestidad y fidelidad, cobardía, uso del poder en beneficio propio, se acalla al que intenta levantar la voz de los que no tienen voz, se encierra a quien defiende a los más desfavorecidos, se sigue luchando por unos derechos de algunos grupos pero no por los derechos de los Seres Humanos, sean como sean, se busca el beneficio de unos a costa del perjuicio de otros, en definitiva, por más años que pasen y más evolucionada creamos que está la sociedad, seguimos cometiendo los mismos errores, quizá de una forma más sofisticada y con mayor capacidad de disfrazar con leyes y normas.
Hoy, revivimos en muchas de nuestras ciudades, una entrada triunfal, en la que se da la bienvenida a quien se consideraba como un Salvador y que fue condenado como un traidor, pensemos en todas esas personas que intentan transformar la sociedad en la que vivimos en una sociedad más justa, más humana, más solidaria y que al plantearnos que, para eso, debemos movernos de nuestra zona de confort y hacer esfuerzos, algún que otro sacrificio, dejar a un lado la comodidad, entonces somos capaces de condenarlo y de hacer que se silencie su voz para que no nos incomode.
No tengamos miedo de salir de nuestros refugios y extender nuestras manos a otros, cansarnos, entregar la vida, vaciarnos de lo que no nos da sentido y llenarnos de lo que nos hace VIVIR DE VERDAD.
Macu Becerra
