Año nuevo… ¿vida nueva?
Estrenar año siempre es motivo de felicidad. Algunos solemos decir que tenemos por delante 365 nuevas oportunidades, un cuaderno en blanco en el que escribir nuevas aventuras, o quizá lo digamos con otras frases, pero lo cierto es que al menos por un ratito una noche, tomamos conciencia del regalo que tenemos. En estos días estoy segura de que hemos recibido muchísimas felicitaciones por el año nuevo, y cada uno de nosotros habremos felicitado a nuestra vez a no pocas personas. Yo no fui una excepción claro está y lo que más desee (y deseo) de corazón fue que este año sea un año de oportunidades y (re)encuentros.
Mientras preparábamos la celebración de Nochevieja, algo distinta a lo que estoy acostumbrada, bromeábamos, con cierta nota de ironía, que era un día idóneo para limpiar a fondo la casa, que hasta el último rincón resplandeciera, porque así comenzaríamos el año como en una casa nueva. Había quien le ponía un poco de seriedad al tema, y nos recordaba que también era muy importante aprovechar para limpiar a fondo nuestra casa interior: todas esas cosas que llevamos en el corazón, ver cuáles hace falta soltar y dejarlas en el año que termina, y cuáles hay que mimar y darles la oportunidad de crecer y desarrollarse en el año que comienza.
Entre risa y risa, el tema era serio, y me dejó bastante pensativa, así que me puse manos a la obra. Ya entrada en materia, el ejercicio me pareció algo evidente para hacer en fin de año. Sería como una versión 2.0 de nuestra clásica lista de propósitos de año nuevo pero remasterizada y seria. Aquí no tienen cabida los típicos tópicos como apuntarse al gimnasio, bajar de peso, o hacer el viaje soñado – ese para el que nunca tenemos suficiente presupuesto. Aquí la cosa es seria y profunda: dejar en 2022 esas cosas o actitudes que no me representan, pero que muchas veces salen de forma impulsiva o automática; pensar – en serio – qué pasos puedo ir dando para mejorar mi forma de ser y de estar ahí en donde me encuentre en cada momento; qué cualidades he de potenciar en 2023 porque son muy yo y transmiten mi esencia; qué toques o detalles especiales puedo poner en el año que comienza para que mi casa, comunidad, barrio, trabajo… en general mi entorno, sea un poco mejor; y en definitiva con qué granitos de arena puedo contribuir para que mi vida y la de quienes me rodean sea un poco mejor, que sea más feliz; como las oportunidades muchas veces las tenemos delante pero nos las perdemos porque no somos capaces de verlas en lo más sencillo, en lo pequeño; en poner en valor los encuentros-encuentros que tenemos con los demás, y que a veces nos perdemos por querer reducirlos a una frase en un mensaje de texto que nunca podrá sustituir una conversación-conversación; ….
En medio de tanta seriedad venían a mi mente no pocas celebraciones de año nuevo en las que hemos brindado efusivamente al son de ¡Año nuevo, vida nueva! Y sí, mucha efusividad, pero poco contenido de fondo. Creo que la clave no está en que la vida sea nueva (otra, distinta, hasta cierto punto de usar y tirar), sino en dar nueva vida a esta que ya tenemos, que es única, y que a veces la tenemos aletargada. Es querer aprovechar este momento de reflexionar, de dar gracias y de poner en valor. Esto solo tiene sentido en lo profundo, porque en cualquier otro plano “solo” vamos a tachar un día más del calendario.
Mónica Marco
